sábado 11 de febrero de 2012

Umberto Eco y el mundo salvaje y peligroso de Internet


Desde hace ya varios años Umberto Eco se ha convertido en un acérrimo crítico de Internet o mejor dicho de la libertad de producción, circulación y consumo de la información que existe en Internet. Algunas de sus metáforas más conocidas al respecto convierten a la Web en un “mundo salvaje y peligroso” en el que los usuarios "no pueden separar la buena y la mala información a la que acceden por las pantallas",  o también "Internet es una parodia de la enciclopedia porque también incluye información falsa", y mas recientemente  en una conferencia dictada en el Salón del Libro de Turín ha dicho que “Internet es idiota, como Funes el memorioso” proponiendo la necesidad de que existan “filtros” que aseguren que solo circule y se tenga acceso a información previamente chequeada o certificada por “expertos”. Dicho en buen romance Internet no es el problema sino la masa de millones de idiotas-como usted o como yo-  que navegan por ella sin los conocimientos ni los criterios académicos que, según Eco, resultan indispensables para hacer buen uso de la información.

Pero como no está realmente en contra de Internet sino de la democratización que ésta facilita lo que propone es que académicos y expertos actúen como censores que filtren y administren la “buena” y la “mala” información. Digo yo, ¿también en las bibliotecas públicas (que tienen acumuladas sin duda tanta o más información que Internet y donde seguramente también hay “buena” y “mala” información) habría que poner censores que filtren las consultas de los usuarios? Y ya que estamos, digo yo, tratando de entender hacia donde va el pensamiento de Eco ¿No sería mejor directamente filtrar, censar o evaluar académicamente todo lo que se pretende subir la Web y, desde luego, hacer lo mismo con libros, revistas, etc. antes de ser catalogados en una biblioteca pública? 

Pensamientos como estos de Umberto Eco son otro claro ejemplo de la contrarrevolución intelectual que ha promovido el neoliberalismo en los claustros académicos en las últimas décadas. Lamentable señor Eco. Pero quédese tranquilo que a mi no me molesta que lo reproduzcan cientos de veces en Internet. 

viernes 10 de febrero de 2012

Jacques Ranciere y el arte en la era digital


“Numerosos comentaristas han querido ver en los nuevos medios electrónicos e informáticos el fin de la alteridad de las imágenes, si no el de las invenciones del arte. Pero la computadora, el sintetizador y las tecnologías nuevas en su conjunto no han significado el fin de la imagen y del arte mas que lo que la fotografía o el cine lo hicieron en su momento. El arte de la era estética no ha cesado de juzgar sobre la posibilidad que cada medio podía ofrecer de mezclar sus efectos con los de los otros, de adoptar su papel de crear así figuras nuevas, despertando posibilidades sensibles que ellos habían agotado. Las técnicas y soportes nuevos ofrecen a esas metamorfosis posibilidades inéditas. La imagen no dejará tan pronto de ser pensativa”

jueves 9 de febrero de 2012

Michel Foucault, lector de El Capital


En una entrevista titulada "Las redes del poder" Michel Foucault hace la siguiente mención en referencia al funcionamiento del poder en la sociedad capitalista: "Creo que podemos encontrar, en un cierto número de textos, los elementos fundamentales para un análisis de este tipo. Por supuesto, lo podemos también encontrar en Marx, principalmente en el Libro II de El Capital. Lo que encontramos en el Libro II de El Capital es, en primer lugar, que no existe un poder, sino varios poderes". En el curso Seguridad, territorio y población (entre enero y abril de 1978) es donde podemos advertir con claridad a qué aludía Foucault con su referencia a El Capital, a ese Tomo particular, en que Marx dedica al proceso de circulación del capital.

Es que para Foucault la gran mutación en las formas de ejercicio del poder que se produce entre los siglos XVII y XVIII y  que denomina gubernamentalidad tiene que ver con la necesidad del capitalismo de enfrentar los obstáculos a la circulación ampliada del capital a escala europea y colonial que suponían las políticas proteccionistas del mercantilismo. Para Foucault la circulación, no solo de bienes materiales sino también de costumbres, habitos, maneras de ser, símbolos, ideas, etc. son el componente fundamental para entender el nacimiento del liberalismo –a partir del discurso de la fisiocracia- y la emergencia de los dispositivos de seguridad que no sustituyen sino que subsumen en su lógica a los mecanismos de saber-poder disciplinarios y de soberanía. Ya no se trata de limitar la circulación sino de gestionar sus peligros, administrar sus riesgos, aceptar heterogeneidades, establecer normalidades diferenciales, de modo que “un poder que se piense como regulación solo es capaz de producirse a través de la libertad de cada uno y con apoyo en ella”. 

martes 7 de febrero de 2012

La logica de la argentinidad


La lógica de la argentinidad es el conjunto de reglas y procedimientos que hacen que exista la argentinidad como prácticas “genuinamente” argentinas. No se refiere a las representaciones que los argentinos nos damos de nosotros mismos, ni tampoco a condiciones que nos determinan sin que lo sepamos, sino de aquello que hacemos y el modo en que lo hacemos. La lógica de la argentinidad es un sistema de racionalidades que organizan y producen maneras de hacer y al mismo tiempo, que permiten grados de libertad con los que actuamos reaccionando a lo que hacen los otros y modificando, hasta cierto punto, las reglas del juego. Estas reglas se refieren a las relaciones con las cosas, con los otros, y con uno mismo, pero no como ámbitos separados y exteriores entre sí, sino acoplados por mediaciones que se establecen entre cada uno de ellos.

Describir, analizar, desentrañar la lógica de la argentinidad implica problematizar las formas en que el saber, el poder  y la ética se imbrican para producir efectos de verdad y efectos de realidad. Implica preguntarse: cómo nos hemos constituido como sujetos de nuestro saber, cómo nos hemos constituido como sujetos que ejercemos o soportamos relaciones de poder; cómo nos hemos constituido como sujetos morales de nuestras acciones.  La argentinidad es un discurso performativo de los modos y formas de ser de los argentinos y argentinas; este discurso es producido por la captura en sistemas prácticos que operan inscribiendo en los cuerpos una lógica de la argentinidad que asegura su reproducción para hacerlos gobernables.

domingo 5 de febrero de 2012

Critica TV: Dulce Amor (Telefe)


Estamos ante una clásica telenovela latinoamericana con una estructura narrativa claramente tributaria de las comedias argentinas basadas en el inverosímil entrecruzamiento entre clases sociales. De trama previsible y con personajes estereotipados y unidimensionales no deja, sin embargo, de atraer la atención de una audiencia siempre dispuesta a dejarse capturar por el eterno retorno de lo mismo sea por la razón que fuera: volver a ver a un actor favorito, por ejemplo, y volver a verlo haciendo siempre lo mismo. Y creo que ese es el caso de Dulce Amor cuyo protagonista Sebastián Estevanez (“Marcos Guerrero”) se esmera en reproducir hasta el más mínimo detalle ese personaje de sí mismo que hemos visto en la pantalla chica en numerosas oportunidades y que tanto éxito le ha generado. Ojo, no critico al actor por el personaje que compone sino porque sin abandonarlo podría ensayar algunas variaciones marginales, una mueca, un gesto, una frase, una corporalidad novedosa, pero no lo hace. No es el caso del actor Juan Darthes (“Julián Giménez”) al que si bien ya hemos visto hacer personajes similares siempre encuentra la manera de dar algo más, o de la actriz María Valenzuela (“Elena Bandi”) que se esfuerza por darle matices y expresión a su personaje sin caer en la sobreactuación de Laura Novoa (“Gaby Ahumada”). El resto del elenco se resiste a cualquier tipo de crítica ya que no tengo claro hasta que punto es el guión el que los obliga a componer personajes tan medidos como inverosímiles y artificiales. 


sábado 4 de febrero de 2012

Nunca es inútil sublevarse


El derrumbe de la Unión Soviética y los socialismos mal llamados reales, la explosión de las nuevas tecnologías de comunicación e información –en particular Internet-, el acontecimiento del 11S y sus réplicas en España y Gran Bretaña, y lo que Jacques Ranciere denomina “contrarrevolución intelectual” son algunos de los acontecimientos más sobresalientes –aún no suficientemente explicados en su recíproca interrelación- que irrumpieron como discontinuidad solo para constituir la nueva regularidad en la que estamos sujetados: lo que Michel Foucault denomina sociedad de normalización / sociedad de seguridad. La novedad que imponen los nuevos dispositivos de seguridad consiste en hacer uso del discurso de la libertad como condición de aceptabilidad de las nuevas formas de sujeción y subjetivación, sin embargo, el poder sigue siendo una relación social y un entramado de relaciones de fuerzas. De modo que si el poder se ha reactualizado quienes no queremos ser gobernados de este modo debemos reactualizar formas de resistencia, rebelión e insubordinación porque nunca es inútil sublevarse aunque nos digan una y otra vez que las únicas opciones son resignarse o adaptarse.

viernes 3 de febrero de 2012

Todo lo solido se desvanece en el aire

La bella metáfora de Karl Marx, enunciada en el Manifiesto Comunista para describir el pasaje del feudalismo al capitalismo y el “espíritu” de la modernidad burguesa, ha sido reactualizada en los últimos años por sociólogos como Zygmunt Bauman (Modernidad Líquida), Peter Sloterdijk (Espumas) o Gilles Lipovestky (La era del vacío). Según esta interpretación estaríamos frente a un profundo cambio social dentro del capitalismo (de la sociedad sólida a la líquida, de productores a consumidores, plena de sentido a vacía de sentido) cuyo avance es arrollador y ante el cual solo queda resignarse o adaptarse. Michel Foucault criticó ácidamente el discurso sobre la “era del vacío” proponiendo que nuestra actualidad se caracterizaba precisamente por lo contrario, es decir, el exceso de identidad, sentido y cuidado de sí. Por otra parte es conocida la crítica de Jacques Ranciere, seguramente inspirada en Foucault, a las posiciones de Bauman sobre la liquidez de la modernidad y la evanescencia de lo sólido así como a las espumas de Sloterdijk. Pero lo que en rigor está en juego en este debate no es tanto una cuestión de “química” social sino una cuestión política de crucial importancia en nuestra actualidad: el debate entre quienes postulan que toda resistencia al dominio del capital es inútil y quienes creemos que resistirse nunca lo es. 

Por sólidas barricadas que no se desvanezcan en el aire.