Desde hace ya varios años Umberto Eco se ha
convertido en un acérrimo crítico de Internet o mejor dicho de la libertad de producción,
circulación y consumo de la información que existe en Internet. Algunas de sus
metáforas más conocidas al respecto convierten a la Web en un “mundo salvaje y
peligroso” en el que los usuarios
"no pueden separar la buena y la mala información a la que acceden por
las pantallas", o también "Internet
es una parodia de la enciclopedia porque también incluye información
falsa", y mas recientemente en una
conferencia dictada en el Salón del Libro de Turín ha dicho que “Internet es
idiota, como Funes el memorioso” proponiendo la necesidad de que existan “filtros”
que aseguren que solo circule y se tenga acceso a información previamente
chequeada o certificada por “expertos”. Dicho en buen romance Internet no es el
problema sino la masa de millones de idiotas-como usted o como yo- que navegan por ella sin los conocimientos
ni los criterios académicos que, según Eco, resultan indispensables para hacer
buen uso de la información.
Pero como
no está realmente en contra de Internet sino de la democratización que ésta
facilita lo que propone es que académicos y expertos actúen como censores que filtren y administren la “buena” y la “mala” información.
Digo yo, ¿también en las bibliotecas públicas (que tienen acumuladas sin duda
tanta o más información que Internet y donde seguramente también hay “buena” y “mala”
información) habría que poner censores que filtren las consultas de los
usuarios? Y ya que estamos, digo yo, tratando de entender hacia donde va el
pensamiento de Eco ¿No sería mejor directamente filtrar, censar o evaluar académicamente todo lo que se pretende subir la Web y, desde luego, hacer lo mismo con libros,
revistas, etc. antes de ser catalogados en una biblioteca pública?
Pensamientos
como estos de Umberto Eco son otro claro ejemplo de la contrarrevolución
intelectual que ha promovido el neoliberalismo en los claustros académicos en
las últimas décadas. Lamentable señor Eco. Pero quédese tranquilo que a mi no me
molesta que lo reproduzcan cientos de veces en Internet.





