sábado 31 de enero de 2009

Neoliberalismo y biopolítica

(…) La segunda parte del Curso estuvo dedicada al estudio de algunos aspectos de lo que se ha denominado el neoliberalismo norteamericano, una corriente que se sitúa, en términos generales, bajo el rótulo de la Escuela de Chicago, y que se desarrolló también en oposición a ese exceso de gobierno que encarnaba a sus ojos, desde Simons, la política del New Deal, la planificación de guerra y los grandes programas económicos y sociales promovidos la mayor parte de las veces en la posguerra por las administraciones demócratas.

Al igual que ocurría con los ordoliberales alemanes, la crítica desarrollada en nombre del liberalismo económico se ve validada por el peligro que representaría la inevitable secuencia siguiente: intervencionismo económico, inflación de los aparatos gubernamentales, exceso de administración, burocracia, rigidificación de todos los mecanismos de poder, al mismo tiempo que se producirían nuevas distorsiones económicas que inducirían a nuevas intervenciones.

Sin embargo, lo que ha centrado nuestra atención a la hora de estudiar este neoliberalismo norteamericano es la existencia de un movimiento completamente opuesto al que encontramos en la economía social de mercado en Alemania: mientras que en Alemania se consideraba que la regulación de los precios por el mercado como único fundamento de una economía racional era de suyo tan frágil que esta economía racional debía de ser apoyada, acondicionada, ordenada mediante una política interna y vigilante de intervenciones sociales (subsidios a los parados, cobertura de las necesidades sanitarias, una política de la vivienda, etc.), el neoliberalismo norteamericano pretende más bien ampliar la racionalidad del mercado, los esquemas de análisis que dicha racionalidad presenta, y los criterios de decisión que ésta implica, a ámbitos no exclusiva ni predominantemente económicos: la familia y la natalidad, pero también la delincuencia y la política penal (…)


Michel Foucault, “Nacimiento de la biopolítica”, fragmento.

viernes 30 de enero de 2009

Bicentenario 1810-2010: Bandera Argentina

Nadie sabe con exactitud cómo era la bandera argentina que Manuel Belgrano enarboló en las barrancas del Paraná el 27 de febrero de 1812. Lo que sí sabemos es por qué nadie sabe cómo era la bandera. Al enterarse del acontecimiento el Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata (el “Triunvirato”), le ordenó a Belgrano que destruyera la bandera y le inició una querella.

Hasta mediados del siglo XX en que el gobierno militar surgido del golpe de estado del 4 de junio de 1943 estableció por decreto cuales eran los colores “verdaderos”, cómo debían disponerse en el paño, y cómo debía ser exactamente el “sol inca” incrustado en su centro, la Argentina tuvo muchas banderas “oficiales” de hecho así como interminables debates académicos y políticos acerca de la legitimidad de cada una de ellas.

Ahora bien, curiosamente el “día de la bandera” no es el 27 de febrero sino el 20 de junio, día en que se conmemora el fallecimiento de Manuel Belgrano. De modo que Manuel Belgrano, candidato a Padre de la Patria en 1910, quedó oficialmente consagrado como creador de la bandera y a la vez, se evitaba decir cuando había sido creada la bandera. Con esta maniobra se “mataban dos pájaros de un tiro” aunque la concreción de la maniobra comenzó en 1938 y recién pudo culminar en 1943.

En 1985 se “resolvió” el tema y quedó establecida como bandera oficial la que ondea en la Casa Rosada. Actualmente está “cajoneado” en la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley para cambiar los colores de la bandera nacional.
Estas fueron algunas de las Banderas Argentinas:



Carlos Octavio Bunge: La invención del gaucho

El 22 de agosto de 1913 el Dr. Carlos Octavio Bunge pronuncia el discurso titulado El derecho en la literatura gauchesca en la Academia de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, ante un auditorio compuesto por el Ministro de Justicia e Instrucción Pública, el Rector de la Universidad de Buenos Aires, autoridades de la Facultad de Filosofía y Letras, académicos de número y cuerpo de profesores. El evento tiene lugar con motivo del nombramiento de Bunge como miembro de la Academia ocupando el lugar que deja vacante el fallecimiento del renombrado científico Florencio Ameghino.

Carlos Octavio Bunge (1875-1918) fue uno de los intelectuales más influyente durante la época del Centenario (1890-1914) dentro del campo intelectual dominado por el positivismo – cientificista. Doctor en Derecho, sociólogo, psicólogo social, educador, novelista, y autor de obras teatrales, el eje de su producción discursiva está determinado por la búsqueda de una fundamentación científica del concepto «raza argentina» y de la aplicación de prácticas discursivas orientadas a «crear», «regenerar» y/o «desarrollar» la raza argentina en tanto soporte de un orden social que suponía, al igual que otros intelectuales positivistas – cientificistas de la época, la condición de posibilidad de una sociedad estamentalmente integrada fronteras adentro y potencia directora «en el concierto de las naciones del mundo».

Las prácticas discursivas de Bunge se insertan en los dispositivos institucionales de la Universidad y la Justicia; en este último, se destacó como fiscal del crimen y posteriormente como juez de primera instancia de la justicia federal, siendo su intervención en casos resonantes de la época – tanto criminales como de orden político – motivo de controversias, en particular por contrariar el «sentido común» y la jurisprudencia de la época. Dentro del campo intelectual argentino de la época, las controversias en torno a Bunge se presentan como cuestionamientos no a su erudición «científica» sino al uso de una forma narrativa en la que la «ficcionalización» es asumida y defendida explícitamente por el autor como un recurso válido y necesario, en tanto todo texto tiene un carácter «formador de sujetos».

El carácter polémico de su intervención, ante un auditorio tan calificado de la época, es anunciado por el propio Bunge al iniciar su discurso. Dejando de lado las reglas que regían este tipo de eventos en los que era de rigor referirse elogiosamente a la biografía de quien dejaba vacante el cargo, en este caso por fallecimiento lo que merecía un particular énfasis necrológico, Bunge declara que la mejor forma de homenajear a su antecesor cuya obra «ya tan tas veces amorosamente tratada por especialistas en ciencias naturales» consiste en tratar un tema relativo «a mis estudios predilectos». El corte es abrupto y no hay ningún intento por tratar de vincular, aunque sea formalmente, el tema a tratar con la vida o la obra de Ameghino, es decir, con el tema que motivaba y concitaba el evento.

Sin más trámite Bunge se dedica a desarrollar su tema «predilecto» al que enuncia como El derecho en la literatura gauchesca. La dificultad que nos presenta este texto de Carlos O. Bunge reside en que por sus condiciones de producción se trata de un acto de enunciación oral, una conferencia, que se inserta en un dispositivo específico y con una finalidad delimitada claramente: un acto académico – universitario en que el autor es acreditado como miembro pleno de la Academia de Filosofía y Letras, situado un día específico, el 22 de agosto de 1913. Pero la conferencia fue luego editada y publicada, con lo cual esta circulación del texto lo enfrentó a un nuevo auditorio y a nuevas condiciones de recepción (y producción como texto).

¿Qué auditorio es más relevante para analizar el discurso de Bunge? Planteamos que por su forma y su contenido el autor ha privilegiado como coenunciadores a los que serán los lectores de su conferencia y solo en segundo lugar al auditorio privilegiado de la Academia donde pronuncia el discurso. El auditorio de la Academia es un auditorio de pares que ya lo han consagrado como miembro del cuerpo justamente porque conocen su obra, sus ideas, sus teorías y su influencia orientadora en el campo intelectual argentino de la época, que incluso, como es el caso de Carlos Ibarguren (otro de los máximos referentes del campo) coinciden con las proposiciones bungeanas sobre el tema de su conferencia; para ese auditorio Bunge no dice nada nuevo ni nada que cause polémicas o rechazos. Ahora bien, el texto íntegro de la conferencia es transcrito en la Revista de la Academia y posteriormente incorporado al libro Estudios Jurídicos (Madrid: Espasa – Calpe, 1926) que Bunge escribe para divulgar sus teorías, en particular en las aulas universitarias (y que aún hoy es utilizado como referencia bibliográfica obligatoria en las aulas universitarias en asignaturas como Pensamiento Argentino, Historia del Derecho Argentino, Literatura Argentina, etc.).

En estas nuevas condiciones de recepción, definimos el texto dentro del dispositivo universitario, siendo su género el ensayo positivista de carácter histórico – social ó propio de la sociología histórica. Si, como plantea Hayden White, tanto los compromisos explícitos de carácter teórico – epistemológico y político moral como las elecciones entre diferentes técnicas narrativas para tramar los acontecimientos se correlacionan con algún tropo discursivo determinante, los que definen modos discursivos previos y determinantes de la posterior elección de estrategias por parte del historiador, es posible encuadrar el texto bungeano en el tropo de la metáfora, más específicamente lo que Lakoff define como «concepto metafórico». No se registra el uso de la metonimia, la sinécdoque ó la ironía.

El uso de la metáfora por parte de Bunge es, por otra parte, uno de los modos discursivos predominantes en el dominio del discurso positivista – cientificista argentino de la época, al igual que las descripciones «densas», figurativas, naturalistas, detallistas, realistas, remarcando un estilo poético, imaginativo y extremadamente retórico, más cercano por su forma al «ensayo de interpretación» que al código aséptico del informe científico. Asimismo, es un discurso que se caracteriza por priorizar una actitud pedagógica y didáctica. Para usar el concepto propuesto por Bremond «podemos abstraer una función muy general que llamaremos el ejercicio de la influencia: el orador que intenta inducir a un auditorio a adoptar su propia opinión. . . el rol del influenciador se especifica en un cierto número de subtipos, caracterizados por la estrategia elegida. . . se puede así determinar una tópica de la influencia» que en este caso estaría dado por el intento de «convencer» y a partir de las cual se organizan las «distintas formas de razonamientos, de administración de pruebas y de establecimiento de verosimilitud».

Esta prioridad debe interpretarse por la fuerte impronta que en la época tiene el tema de la educación en general y la educación patriótica en particular en la formación y (re) producción de un modelo típico de sujeto argentino cuya subjetividad exprese fielmente la argentinidad, y por la ya mencionada circulación del texto en las aulas universitarias. Asimismo, el texto de Bunge articula tanto el registro narrativo como el argumentativo donde se confunden la historia argentina y la ficción poética – literaria. Remite su relato constantemente a dataciones cronológicas específicas (la llegada de los Conquistadores a América y al Río de la Plata, la época colonial, el último tercio del siglo XIX), asocia la representación del gaucho con eventos históricos establecidos como reales por la historiografía (la Revolución de Mayo, las guerras por la independencia, el mitrismo), y argumenta desde una posición teórico – metodológica ampliamente aceptada en la época como científica (el darwinismo social, la teoría lamarckiana de la herencia, la categoría de raza, la teoría de la degeneración), pero utiliza constantemente metáforas poéticas que remiten a eventos, situaciones y temporalidades claramente ficcionales (la búsqueda de la Atlántida, el drama de Agamenon, los poemas homéricos, la asimilación del gaucho al árabe y de la Pampa al desierto arábigo).

Es más, en varios pasajes del texto Bunge afirma no solo que el gaucho a desaparecido hace ya mucho tiempo, sino que no ha quedado ningún registro documentable de su existencia, lo que no le impide producir representaciones precisas y minuciosas que describen como lucía, como vestía, como vivía, como pensaba, cómo obraba y cómo era su «mundo de vida». Todo ello lo deduce de una analogía cuyo razonamiento se funda más en la ficción que en la realidad: los gauchos no podían ser otra cosa que andaluces, ya que andaluces eran los hombres que llegaron a nuestro suelo en la época de la Conquista, y que por transplante en un medio diferente devinieron en gauchos. Unos se degeneraron al mestizarse con el indio y el negro en particular en el interior del país, otros – los del litoral rioplatense – se emparentaron con los inmigrantes europeos, dando lugar al criollo argentino.

Con este trabajo esperamos haber contribuido no solo a despejar «el contenido de la forma» del ensayo positivista argentino de la época del Centenario, sino también a producir una operacionalización teórico – metodológica que sirva como insumo para el desarrollo de perspectivas interdisciplinarias orientadas hacia el análisis del discurso sobre el nacimiento de la argentinidad.



Texto completo de la conferencia “El derecho en la literatura gauchesca” de Carlos O. Bunge.

jueves 29 de enero de 2009

Deleuze y Foucault: dispositivos


La mirada es un producto social y, a la vez, lo social es un producto de la mirada. El sujeto que mira es un emplazamiento en la visibilidad, una función derivada de la visibilidad. No es ni el “punto de vista del sujeto” ni una “concepción del mundo. Las palabras, las imágenes y las cosas se hacen visibles como producto de “máquinas ópticas” que “hacen ver”, por lo tanto no son los actos de un sujeto que mira, ni los datos de un sentido visual, sino un efecto de realidad y de verdad. El poder “hace-ver” y “hace-hacer” según lo que “hace-ver”. Lo que el poder hace es inscribir en el cuerpo un código, una configuración estructural, un procedimiento, unas coordenadas, que organizan nuestro modo de hablar, escuchar, mirar, y hacer. De modo que los observadores construyen su propia imagen al construir la de los Otros. En la actualidad, las principales “máquinas ópticas” son la televisión, el cinematógrafo, Internet, la telefonía celular móvil, y la realidad virtual (“máquinas de realidad”). Pero también son “máquinas ópticas” las imágenes, gráficos, esquemas, y fotografías que ilustran libros y revistas, la publicidad gráfica en las calles, las señales de tránsito, los símbolos que identifican a determinadas instituciones, los significados asociados a los colores, etc. Esto es lo que se denomina “régimen de visibilidad”. Todo régimen de visibilidad está acoplado con un régimen de enunciación, y ambos constituyen un régimen de verdad.

martes 27 de enero de 2009

MIchel Foucault: Ilegalismos y delincuencia

Admitamos que la ley esté destinada a definir infracciones, que el aparato penal tenga como función reducirlas y que la prisión sea el instrumento de esta represión. Entonces, hay que levantar un acta de fracaso…

Pero quizá haya que darle la vuelta al problema y preguntarse de qué sirve el fracaso de la prisión; para qué son útiles esos diferentes fenómenos que la crítica denuncia continuamente: pertinacia de la delincuencia, inducción de la reincidencia, trasformación del infractor ocasional en delincuente habitual, organización de un medio cerrado de delincuencia. ¿Quizá habrá que buscar lo que se oculta bajo el aparente cinismo de la institución penal que, después de haber hecho purgar su pena a los condenados, continúa siguiéndolos por toda una serie de marcajes (vigilancia que era de derecho en otro tiempo y que hoy es de hecho; pasaportes de los presidiarios antaño, y ahora el registro de penados y rebeldes) y que persigue así, como "delincuente", a quien ha cumplido su castigo como infractor? ¿No se puede ver ahí más que una contradicción, una consecuencia? sería preciso entonces suponer que la prisión, y de una manera general los castigos, no están destinados a suprimir las infracciones; sino más bien a distinguirlas, a distribuirlas, a utilizarlas; que tienden no tanto a volver dóciles a quienes están dispuestos a transgredir las leyes, sino que tienden a organizar la trasgresión de las leyes en una táctica general de sometimientos…

La penalidad sería entonces una manera de administrar los ilegalismos, de trazar límites de tolerancia, de dar cierto campo de libertad a algunos, y hacer presión sobre otros, de excluir a una parte y hacer útil a otra; de neutralizar a éstos, de sacar provecho de aquéllos. En suma, la penalidad no "reprimiría" pura y simplemente los ilegalismos; los "diferenciaría", aseguraría su "economía" general. Y si se puede hablar de una justicia de clase no es sólo porque la ley misma o la manera de aplicarla sirvan a los intereses de una clase, es porque toda la gestión diferencial de los ilegalismos por la mediación de la penalidad forma parte de esos mecanismos de dominación. Hay que reintegrar los castigos legales a su lugar dentro de una estrategia legal de los ilegalismos. El "fracaso" de la prisión puede comprenderse sin duda a partir de ahí…

Si tal es la situación, la prisión, al "fracasar" aparentemente, no deja de alcanzar su objeto, cosa que logra, por el contrario, en la medida en que suscita en medio de los demás una forma particular de ilegalismo, al cual permite poner aparte, colocar a plena luz y organizar como un medio relativamente cerrado pero penetrable. Contribuye a establecer un ilegalismo llamativo, marcado, irreductible a cierto nivel y secretamente útil, reacio y dócil a la vez; dibuja, aísla y subraya una forma de ilegalismo que parece resumir simbólicamente todos los demás, pero que permite dejar en la sombra a aquellos que se quieren o que se deben tolerar. Esta forma es la delincuencia propiamente dicha. No se debe ver en ella la forma más intensa y más nociva del ilegalismo, la que el aparato penal debe tratar de reducir por la prisión a causa del peligro que representa; es más bien un efecto de la penalidad (y de la penalidad de detención) que permite diferenciar, ordenar y controlar los ilegalismos. Sin duda, la delincuencia es realmente una de las formas del ilegalismo; en todo caso, tiene en él sus raíces; pero es un ilegalismo que el "sistema carcelario", con todas sus ramificaciones, ha invadido, recortado, aislado, penetrado, organizado, encerrado en un medio definido, y al que ha conferido un papel instrumental, respecto de los demás ilegalismos. En suma, si bien la oposición jurídica pasa entre la legalidad y la práctica ilegal, la oposición estratégica pasa entre los ilegalismos y la delincuencia…

De hecho, la utilización de la delincuencia como medio a la vez separado y manejable se ha realizado sobre todo en los márgenes de la legalidad. Es decir que allí se ha establecido también en el siglo XIX una especie de ilegalismo subordinado, y cuya organización en delincuencia, con todas las vigilancias que ello implica, garantiza la docilidad. La delincuencia, ilegalismo sometido, es un agente para el legalismo de los grupos dominantes…

El establecimiento de los sistemas de prostitución en el siglo XIX es característico a este respecto: los controles de policía y de sanidad sobre las prostitutas, su paso regular por la prisión, la organización en gran escala de las mancebías, la jerarquía puntual que se mantenía en el medio de la prostitución, su encuadramiento por los delincuentes-confidentes; todo esto permitía canalizar y recuperar por una serie entera de intermediarios los enormes provechos sobre un placer sexual que una moralización cotidiana cada vez más insistente condenaba a una semiclandestinidad y volvía naturalmente costoso. En la formación de un precio del placer, en la constitución de un provecho de la sexualidad reprimida y en la recuperación de este provecho, el medio delincuente ha sido cómplice de un puritanismo interesado: un agente fiscal ilícito sobre prácticas ilegales…

Los tráficos de armas, los de alcohol en los países de prohibición, o más recientemente los de la droga demostrarían de la misma manera este funcionamiento de la "delincuencia útil": la existencia de una prohibición legal crea en torno suyo un campo de prácticas ilegalistas sobre el cual se llega a ejercer un control y a obtener un provecho ilícito por el enlace de elementos, legalistas ellos también, pero que su organización en la delincuencia ha vuelto manejables. La delincuencia es un instrumento para administrar y explotar los ilegalismos…

Es también un instrumento para el ilegalismo que forma en torno suyo el ejercicio mismo del poder. La utilización política de los delincuentes -en forma de soplones, de confidentes, de provocadores- era un hecho admitido mucho antes del siglo XIX. Pero después de la Revolución, esta práctica ha adquirido unas dimensiones completamente distintas: la infiltración de los partidos políticos y de las asociaciones obreras, el reclutamiento de hombres de mano contra los huelguistas y los promotores de motines, la organización de una subpolicía -trabajando en relación directa con la policía legal y capaz en el límite de convertirse en una especie de ejército paralelo-, todo un funcionamiento extralegal del poder ha sido llevada a cabo de una parte por la masa de maniobra constituida por los delincuentes: policía clandestina y ejército de reserva del poder…

La organización de un ilegalismo aislado y cerrado sobre la delincuencia no habría sido posible sin el desarrollo de los controles policíacos. Vigilancia general de la población, vigilancia "muda, misteriosa, inadvertida... son los ojos del gobierno abiertos incesantemente y velando de manera indistinta sobre todos los ciudadanos, sin someterlos por eso a ninguna medida de coerción cualquiera... Pero vigilancia también de medios y de grupos considerados como peligrosos por los soplones o los confidentes casi todos los cuales son antiguos delincuentes, controlados a tal titulo por la policía: la delincuencia, objeto entre otros de la vigilancia policíaca, es uno de sus instrumentos privilegiados...


Michel Foucault, Vigilar y castigar, 1976, México, Siglo XXI, (fragmentos)

domingo 25 de enero de 2009

Pelicula: W. Bush (Oliver Stone)

La diferencia entre un documental y una ficción (aún cuando sea una ficción basada en un “hecho real”) no reside en que el primero reflejaría la realidad tal como es y el segundo un inexistente. Ambos, documental y ficción, son un producto en el que intervienen directores, guionistas, actores, para contar una historia en el que las imágenes, las palabras, y las cosas están montadas, editadas, producidas, y pensadas según un determinado orden discursivo sujeto a las reglas del dispositivo cinematográfico. Ninguno de los dos muestra la realidad sino que produce efectos de realidad: excelentes, buenos, mediocres, o malos efectos de realidad y efectos de verdad. A la vez, esos efectos de realidad y verdad pueden o no ser verosímiles para el espectador, y en esa verosimilitud es que se juega la capacidad de un filme para producir determinados efectos de subjetividad. Efectos que pueden ser del orden de la reproducción, el cuestionamiento, o la transformación del sentido común, es decir, efectos políticos más o menos duraderos, más o menos críticos sobre un estado de cosas existente.

El último filme de Oliver Stone, titulado “W.” no me pareció verosímil. Mezcla de documental y ficción, termina siendo ni una cosa ni la otra, confunde al espectador y aunque se supone que se trataba de un filme crítico hacia el ex presidente Bush termina produciendo un efecto contrario. De tan tonto que se lo muestra se lo hace inimputable como si se tratara de un loco, un niño, o un minusválido mental. Al mismo tiempo se embellecen las personalidades del padre de Bush y de su hermano, y se sataniza a algunos de sus colaboradores sea mostrándolos como cínicos o mediocres aduladores. A la vez, se escamotean hechos históricos de extrema relevancia política como el “11/9”, la invasión a Afganistán, el fraude electoral, el Acta Patriótica, para señalar los más sobresalientes, y en cambio todo gira alrededor de su alcoholismo, su milenarismo, y su providencialismo. En suma, el filme no politiza ya que no pone al personaje dentro de la trama de relaciones sociales de poder en la que se inscribe y puede ser explicado, sino casi como un efecto natural cuya naturaleza no termina de comprenderse excepto que se recurra al destino, al azar o la necesidad.

Lejos queda el excelente director de “Pelotón” con su aguda mirada crítica sobre la guerra de Vietnam, o de “Salvador” con su puesta al descubierto del terrorismo de estado. En el medio quedaron dos filmes inverosímiles (“JFK” y “Nixon”) y otro inclasificable (“Comandante”).

Ahora, Stone está tramando realizar un documental (¿también ficcional?) sobre el presidente Hugo Chávez, supuestamente laudatorio. Estimado Comandante tenga cuidado porque últimamente Stone produce filmes cuyos efectos sobre los espectadores son diametralmente opuestos a los esperados.

viernes 23 de enero de 2009

Volvió Lost!

(Lean tranquilos, yo no hago spoiler)
Por fin, luego de siete meses de espera volvió Lost con su quinta temporada, y con una emisión el miércoles 21 de enero de los dos primeros episodios: “Because You Left” (S05E01) y “The Lie” (S05E02). Dicen que en Buenos Aires la quinta temporada será emitida por la señal de cable AXN en el mes de marzo, esperemos que así sea. Si alguien creía que ya nada podía sorprenderlo en Lost, si alguien creía que la quinta temporada iba a darnos todas las respuestas, si alguien creía que ya no cabían giros narrativos nuevos, les digo que se van a sorprender, tendrán respuestas pero a lo Lost, es decir, respuestas que generan preguntas, y tendrán un giro narrativo totalmente sorprendente.
Lost sigue siendo la serie pionera en innovaciones estéticas, narrativas, visuales, y discursivas, y además, ahora sí, sin ninguna duda, la mejor serie de ciencia ficción (en el sentido estricto del género) de las últimas décadas.

Buenos Aires Playa: el arenero del Plata

El fin de semana pasado el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires inauguró un simulacro de balneario en un sector de la Avenida Costanera frente a las contaminadas y putrefactas aguas del Río de la Plata. Hay reposeras, mesitas con sombrillas, duchas, y por supuesto mucha arena para que los sufridos habitantes de la pobreza urbana porteña puedan tener su simulacro de vacaciones playeras. Hay que reconocer que la idea tuvo éxito ya que las “instalaciones” se vieron desbordadas por más de 20.000 “veraneantes” que colmaron la capacidad del obsceno escenario.

Estamos ante un ejemplo de las políticas sociales del neoliberalismo cuyo éxito solo se explica por la destrucción sistemática de cuerpos política y socialmente beligerantes en las últimas décadas. Lo que hace algunos años hubiera sido humillante y degradante, hoy es aceptado como un mal menor o como una bendición.

¿Por qué digo esto? Porque hubo una época en la Argentina no muy lejana en que las políticas sociales consistían en hoteles sindicales en la Costa Atlántica a los que podía acceder a un bajo costo cualquier trabajador para gozar de sus vacaciones. Pero claro, los sindicatos se convirtieron en empresas capitalistas o “terciarizaron” sus políticas sociales en empresas capitalistas, y el “Estado benefactor” que también ofrecía diversos “planes” vacacionales hace rato que dejó de preocuparse por la suerte de los pobres enfocándose casi exclusivamente en beneficiar a la clase media urbana.

La vigencia sostenida del neoliberalismo, en forma ininterrumpida, desde hace varias décadas (de los militares a Cristina sin intervalos) derrumba resistencias y convierte a los pobres en cuerpos sufrientes. Un cuerpo sufriente solo quiere, aunque sea por un ratito, dejar de sufrir o menguar el sufrimiento y no puede plantearse un modo de existencia que no sea sufrido.

Llama la atención que casi nadie alzara su voz para hacer una crítica de esta escandalosa simulación. Posiblemente el “arenero del Plata” se convierta en un lugar turístico en serio, pero no para los “playeros” sino para los únicos turistas que importan que son los que vienen de todas partes del mundo a maravillarse con nuestra “viveza criolla” y nuestra insuperable y bizarra “imaginación”.

¿Acaso no se hacen tours guiados a las Villas Miseria por la módica suma de cien dólares? Los cuerpos que gozan pueden gozar hasta de mirar el sufrimiento de los cuerpos que sufren no solo el calor agobiante o el “humo” que este verano nos tiene literalmente “en un horno”.

¿Creen que exagero? Vean la publicidad del Gobierno de la Ciudad tomada de su sitio web, como si estuvieran promocionando un viaje al Mediterraneo con todos los gastos pagos. ¿Y saben que? Lo que más me preocupa no es el Arenero del Plata sino los miles que fueron al simulacro y lo tomaron por realidad.

Buenos Aires Playa

“Ya era hora que Buenos Aires tuviera su playa. Por eso, desde el 16 de enero hasta el 28 de febrero, el Gobierno de la Ciudad te presenta Buenos Aires Playa, una alternativa entretenida y de calidad para que pasemos juntos el verano. Con el objetivo de generar un oasis de serenidad en plena Ciudad y continuando con los esfuerzos por defender e impulsar una ciudad vivible para todos, se montó una playa en el norte (Parque de los Niños) y una en el sur (Parque Roca). Allí nuestros vecinos podrán disfrutar, de martes a domingo entre las 10:00 y las 20:00hs, de un sistema integral de entretenimiento para toda la familia: playas con sombrillas y reposeras, actividades culturales como espectáculos musicales o lectura de libros, bebederos y duchas para refrescarse del calor, actividades deportivas y juegos inflables para los más chicos, entre muchas otras actividades. Esta innovadora idea surgió en París hace seis años y luego se vio replicada con éxito en distintas ciudades del mundo como Roma, Tokio, Berlín, Bruselas, Ámsterdam, Viena y Praga, entre otras. Buenos Aires Playa es sinónimo de una ciudad amigable, de una ciudad vivible en la cual el espacio público pueda ser compartido por todos. Te esperamos para que vengas a conocerla con tu familia y amigos”

martes 20 de enero de 2009

Damages (Series TV): Primera Temporada

(Primera Temporada)

En series de televisión (y en menor medida en el cine) el género “sistema judicial norteamericano” o dicho sencillamente “series de abogados” tiene una larga historia, tanta o más que las “series de policías y detectives”. Recuerdo una serie que veía cuando era pequeño “Perry Mason” que de alguna manera se convirtió en un prototipo del género, y como no mencionar a “La ley y el orden”, “Los practicantes” o “Boston Legal” entre las mejores de los últimos años.

Por eso me costó ponerme a ver “Damages” y la verdad es que estoy más que satisfecho por haber tomado esa decisión, ya que se trata de una serie que instala un nuevo concepto dentro del género no sólo estético y narrativo sino que también juega maravillosamente con la dialéctica entre “imagen-movimiento” e “imagen-tiempo” mostrando cómo la apariencia de realidad puede convertirse en un abrir y cerrar de ojos en un simulacro de realidad y, al mismo tiempo, no configurar una contradicción para el espectador sino un desafío a su capacidad para interpretar y reordenar el encadenamiento entre las palabras, las imágenes, y las cosas.

Entonces, Damages parece una serie de “abogados” pero en realidad es una serie misteriosa y de misterios, un rompecabezas en el que poco a poco vamos obteniendo las piezas para armarlo pero sin que sepamos qué figura es la que tenemos que construir con ellas. No se trata de una totalidad desfragmentada ya que en este caso no hay totalidad previa al relato, sino simples fragmentos que a su modo (o al modo en que cada espectador lo quiera, pueda, o desee) constituyen una totalidad de impredecible forma o estructura.

Excelentes actuaciones de Glenn Glose, encarnando (no me gusta, ustedes saben, el término “representar”) a la abogada “Patty Hewes” (quien por su forma y no por su contenido me hace acordar a Ben Linus) y de Zeljko Ivanek encarnando al abogado “Ray Fiske”, que es la Némesis de Patty y quizás por eso casi igual a ella. En cuanto a Rose Byrne encarna a una “Ellen Parsons” siempre creíble y cuya performance va creciendo a la par de su transformación en su propia Némesis.

No se pierdan Damages, y tengan cuidado porque hasta las situaciones más triviales en que podamos vernos envueltos pueden convertirse, en un abrir y cerrar de ojos, en las más decisivas de nuestras vidas.

lunes 19 de enero de 2009

Genealogía de la argentinidad



"¿Cómo somos los argentinos? ¿Por qué somos como somos? Estas preguntas fueron las que inicialmente motivaron la escritura de mi tesis, y también fueron las preguntas que se hicieron, entre fines del siglo XIX y principios del XX, intelectuales como Carlos O. Bunge. Estas preguntas se han convertido en tópicos del sentido común, se han ensayado decenas de respuestas pero ninguna parece dejar despejada la incógnita. El sentido común de los argentinos ha naturalizado la falta de respuestas convincentes utilizando las preguntas como respuestas. ¿Cómo somos los argentinos? Somos como somos. ¿Por qué somos como somos? Porque siempre fuimos así. Quizá la primera conclusión que puede establecerse con mi investigación es plantear que los argentinos no somos como somos y que no siempre fuimos así. Qué no hay un “ser argentino” sino que el modo y forma de ser de los argentinos es el resultado de una producción de saberes y verdades que, a lo largo del tiempo, nos hicieron de tal modo de asegurar nuestra gubernamentalidad" (Luis Fanlo, Genealogía de la argentinidad)




INDICE



Prologo: Federico Schuster


Capítulo 1 Problematización de la argentinidad

· La pregunta por la argentinidad
· Planteo del Problema

Capítulo 2 ¿Quién habla?

· Trayectoria de Carlos O. Bunge

Capítulo 3 La invención de la argentinidad

· La argentinidad como problema
· La invención bungeana de la argentinidad


Capítulo 4 La producción de la argentinidad

· Fabricar cuerpos argentinos
· Educación popular y educación patriótica
· Nuestra Patria
· Una nueva raza argentina

Capítulo 5 Gubernamentalidad y argentinidad

· Las bases materiales del discurso
· Hacer argentinos gobernables


Conclusiones

Fuentes







Edición 2009

domingo 18 de enero de 2009

I’m American

En todos los filmes o series de televisión norteamericanos en que se muestra alguna situación actual en que la policía o los agentes de inmigración hacen una “redada” siempre suele escucharse a alguien que grita: “I’m American!” para evitar ser golpeado, maltratado, esposado, y encarcelado. A veces el que grita efectivamente es “americano” y otras veces no, pero la mayoría de las veces los policías hacen caso omiso del grito e igual golpean, maltratan, esposan, y encarcelan al “americano”, después de todo ¿Qué tiene que hacer un “americano” en un lugar donde se juntan inmigrantes ilegales?... estar ahí, con esas personas, lo hace sospechoso.

Hace cien años en la Argentina ocurría algo similar, aunque en nuestro caso los inmigrantes no eran “ilegales”, el que gritaba era un inmigrante, y no decía “I’m American” sino “¡Yo argentino!”. Otra diferencia consistía en que en Argentina no solo la policía hacia “redadas” sino también los socios de los clubes de “gimnasia y tiro”, los militantes de las diversas “Ligas” y “Movimientos” nacionalistas, los grupos paramilitares y parapoliciales, y los “niños bien” del barrio norte.

Estos simpáticos “educadores patrióticos”, que asaltaban casas, negocios, y transeúntes en barrios como “Villa Crespo” (porque ahí los inmigrantes además eran judíos) obligaban a hombres, mujeres y niños a entonar estrofas del himno nacional, y mientras apaleaban a los que solo hablaban “cocoliche” solían gritar consignas tales como “¡Viva la burguesía!”, “Viva la Patria”, “Mueran los extranjeros”.

Crisol de razas “americano”, crisol de razas “argentino”… belleza americana, belleza argentina.

miércoles 14 de enero de 2009

Alain Badiou y la filosofía del cine

"El cine como movimiento falso" (“Le cinéma comme faux mouvement”), texto de la conferencia de Alain Badiou en el Studio des Ursulines, Paris, 29 de noviembre de 1993; publicado en la red en L'Art du Cinéma, n° 4, marzo de 1994. Traducción: FLV (framentos).

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Todo el punto radica, me parece, en sostener que lo real del cine son los films, son las operaciones convocadas en ciertos films. Así como no hay poesía más que en la medida en que primero hay poemas, tampoco hay cine más que en la medida en que hay films. Y un film no es la realización de categorías, aun materiales, presupuestas por él. Categorías como imagen, movimiento, cuadro, fuera de campo, textura, color, texto, etc. Un film es una singularidad operatoria, aprehendida ella misma en el proceso masivo de una configuración de arte. Un film es un punto-tema [point-sujet] para una configuración...

Este tema [sujet], como todo tema, debe pensarse de entrada como operación sustractiva. Un film opera por lo que retira; en él, de entrada, se recorta la imagen. Allí el movimiento es obstaculizado, suspendido, dado vuelta, detenido. Más esencial que la presencia, es el recorte [la découpe], no sólo por efecto del montaje, sino ya, y desde un principio, por el del encuadre, y de la depuración dominada de lo visible. Lo que importa absolutamente al cine es que esas flores mostradas, como en tal secuencia de Visconti, sean flores mallarmeanas, que sean las flores ausentes en todo ramo. He visto esas flores, pero el modo propio según el cual están cautivas de un recorte es aquello por lo que su singularidad y su idealidad se dan indivisiblemente…

Preguntémonos, por ejemplo, lo que debe El movimiento falso de Wim Wenders al Wilhelm Meister de Goethe. El cine y la novela. Tenemos que admitir que la película no existiría, o más bien no habría existido, sin la novela. Pero, ¿cuál es el sentido de esta condición? O más precisamente: ¿bajo qué condiciones propias del cine es posible esta condición novelesca de un film? La pregunta es tortuosa y difícil; vemos claramente que han sido convocados dos operadores: que haya relato, o sombra de relato; que haya personajes, o alusión de personajes. Hay algo en el film que opera fílmicamente como un eco de, digamos, el personaje de Mignon. La libertad de la prosa novelesca, sin embargo, está en no dar a ver los cuerpos, cuerpos cuya infinidad visible escapa a la más fina descripción. Aquí, el cuerpo es dado por la actriz, pero 'actriz' es una palabra del teatro, una palabra de la representación. Y he aquí que el film arranca lo novelesco a sí mismo por una prenda teatral. Pero se ve claramente que la idea fílmica de Mignon está instalada precisamente, por una parte, en este desgarro; está puesta entre teatro y novela, pero también en un "ni uno ni otro", y todo el arte de Wenders consiste en sostener su pasaje…



El movimiento global es falso, puesto que ninguna medida le conviene. La subestructura técnica regula un desfile discreto y uniforme, cuyo arte consiste en no hacer caso de nada. Las unidades de recorte, como los planos y las secuencias, son en última instancia compuestas, no en la medida de un tiempo, sino en un principio de vecindad, de remisión, de insistencia o de ruptura, cuyo pensamiento verdadero es más bien una topología que un movimiento. Como filtrado por este espacio de composición, presente desde el rodaje, se impone el movimiento falso por el cual la idea no es dada más que como pasaje…

Digamos que hay idea porque hay un espacio de composición, y que hay pasaje porque este espacio se libra, o se expone, como tiempo global. Así, en El movimiento falso, la secuencia de los trenes que se rozan y se alejan es una metonimia de todo el espacio de composición. Su movimiento es pura exposición de un sitio en que proximidad subjetiva y alejamiento son indiscernibles, algo que de hecho constituye la Idea del amor en Wenders. El movimiento global no es más que el alargamiento pseudo-narrativo de este sitio...

El cine es un arte impuro. Es el arte de más, parasitario e inconstante. Pero su fuerza de arte contemporáneo es justamente la de dar idea, en el momento que dura un pase, de la impureza de toda idea...

lunes 12 de enero de 2009

Alain Badiou: La idea de justicia

Espero que este texto nos sirva para pensar de otro modo esta “guerra” sin fin entre palestinos e israelíes. Se trata de “La idea de justicia”, una conferencia pronunciada el miércoles 2 de junio de 2004 por el filósofo francés Alain Badiou, en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (fragmentos).



“¿Quién es la verdadera víctima? Tomo un ejemplo de la actualidad, cuando hay un atentado terrorista los diarios y los medios de comunicación hablan de víctimas, y digamos que tienen razón. Pero cuando las personas mueren en un bombardeo no son exactamente víctimas semejantes, más bien serían en algún modo deshechos más que víctimas. Vemos, al fin de cuentas, que cuando un occidental es muerto se lo considera como a una víctima, pero cuando se trata de un africano o de un palestino es un poco menos víctima. Constatamos entonces que hay víctimas y víctimas, hay vidas más preciosas que otras y ustedes ven que esto es una cuestión de justicia. La pregunta que se impone entonces es: ¿quién es la víctima?, ¿quién es considerado como víctima? Estamos obligados a admitir que la idea de víctima supone una visión política de la situación; en otras palabras, es desde el interior de una política que se decide quién es verdaderamente la víctima: en toda la historia del mundo, políticas diferentes, tuvieron víctimas diferentes. Por lo tanto, no podemos partir únicamente de la idea de víctima, porque víctima es un término variable…”

“Nuestra época transforma cada vez más el sufrimiento en espectáculo, no solamente el espectáculo imaginario - el cine de la tortura y la violencia-, sino también el documento bruto que nos muestra el cuerpo espectáculo, el cuerpo sufriente en donde la humanidad es reducida a la animalidad. En suma, el hombre se encuentra reducido a ese cuerpo visible y se convierte en un cuerpo espectáculo. Ahora bien ¿Podemos fundar una idea de justicia a partir de ese cuerpo espectáculo? Yo creo que hay que responder negativamente. Ciertamente la piedad es un sentimiento importante, pero no podemos ir directamente de la piedad a la justicia, porque para ir a la justicia se hace necesario algo más que el cuerpo sufriente, se hace necesaria una definición de la humanidad más amplia que la propia víctima. En otras palabras, es necesario que la víctima sea testimonio de algo más que sí misma. Sin duda, también es necesario el cuerpo, pero un cuerpo creador: un cuerpo que porte la idea, un cuerpo que sea también el cuerpo del pensamiento. Temo que nuestra época propone, cada vez más, un cuerpo sin ideas: una identificación del hombre a su cuerpo…”


“Yo me pregunto, por lo tanto, si a través de la definición del cuerpo del sufrimiento, a través de la figura de la víctima como único soporte de la idea de justicia, no estamos en camino de crear una nueva esclavitud, que yo llamaré la esclavitud moderna. La esclavitud moderna es el volverse un cuerpo de consumo o un cuerpo víctima. De un lado el cuerpo rico que consume, y, del otro, el cuerpo pobre que sufre, un cuerpo separado de sus ideas, separado de todo proyecto universal, separado de todo principio. Yo llamaré entonces justicia a toda tentativa de luchar contra la esclavitud moderna, lo que significa luchar por otra concepción del hombre…”

Pregunta: - ¿Podemos valorar la venganza como una forma de justicia, en determinadas circunstancias?

Respuesta: - Bueno, en verdad no pienso que la palabra “venganza” pueda ser una palabra de la política. Al respecto, pienso en la Orestíada de Esquilo, una pieza que cuenta de alguna forma el origen de la política. Cuenta que había el reino de la venganza, es decir cada uno se vengaba de haber sido víctima, y lo que muestra muy bien la Orestíada es que la venganza es infinita. Si usted se venga y a su turno los otros también se vengan se abre un ciclo infinito de venganzas. Por lo tanto habrá que interrumpir ese ciclo, y lo que la Orestíada propone es la creación de un tribunal bajo la idea de justicia. Me parece que “venganza” no es el mejor término. He señalado ya que la cuestión de la nueva disciplina es una cuestión diferente de la cuestión “violencia o no violencia”. La cuestión de la violencia depende de la situación, depende del problema, cuando se trata de un país ocupado por la fuerza militar se vuelve muy difícil evitar la acción violenta. Ello quiere decir que puede haber una expresión simbólica violenta de la justicia. El problema de lo simbólico es muy importante porque en política no se trata sólo de transformar la situación, debemos también fabricar nuevos símbolos, nuevos símbolos de la libertad y nuevos símbolos de la justicia. Por lo tanto creo que más que venganza, (que de todas maneras es una palabra arcaica) , plantearemos el problema enteramente real de la expresión simbólica de una situación intolerable.




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domingo 11 de enero de 2009

Alain Badiou: El cine milenarista

Denomino “cine milenarista” al género cinematográfico (y literario) que plantea una situación de catástrofe global que se abate sobre el planeta Tierra poniendo en juego la continuidad de la existencia de la vida humana (en general la típica invasión extraterrestre o algún evento asociado a la “ciencia ficción”, o la fatídica “guerra nuclear”). Está emparentado, aunque se diferencia, del “cine catástrofe” que surgió en la década de 1970, en tanto la “catástrofe” significaba un evento natural (terremotos, huracanes, inundaciones, plagas, etc.) o producto de un error humano (caída de un avión, choque de trenes, incendio de un edificio, experimento científico de manipulación genética o radioactiva, etc.) que afectaba a un grupo humano extenso pero localizado.

El cine milenarista siempre tiene como protagonistas a los norteamericanos, sean como héroes o villanos, la acción siempre tiene su epicentro en alguna de sus ciudades o en alguna parte de su territorio. Allí es donde toda la humanidad se juega su destino a “suerte y verdad” y sea por acción o por omisión, siempre son los norteamericanos los que terminan “salvando” el mundo; pero la “acción” aunque es planteada como global siempre transcurre en los Estados Unidos. Este dato no es menor ya que en la “realidad” la “acción” siempre transcurre fuera del territorio norteamericano, y son precisamente los norteamericanos (y no los extraterrestres”) los que ponen en jaque la existencia del resto de la humanidad. De modo que cuando los filmes muestran la devastación que azota a los Estados Unidos se produce un simulacro a partir del cual se busca en la subjetividad de su propia sociedad una suerte de “igualación” imaginaria (a ellos también les puede pasar) y una suerte de descargo de culpas (“esta vez no fuimos nosotros”).

Trato de recordar algún caso en el que no fuera así la estructura del relato y lo único que se me ocurre es una novela-historieta que todavía no ha sido llevada al cine: “El eternauta” del escritor argentino Germán Oesterheld. Pero lo que diferencia a “El eternauta” de las narraciones milenaristas norteamericanas no es que la acción transcurre en la ciudad de Buenos Aires sino que todo gira alrededor de la práctica de la resistencia al ejercicio del poder. Y que finalmente, la humanidad sucumbe y nuestro héroe como un hijo adoptivo de Nietzsche queda condenado una y otra vez a repetir la historia.

A los norteamericanos nunca se les ocurrió o nunca los sedujo o nunca se atrevieron a llevar “El eternauta” al cine.
Los militares argentinos, secuestraron e hicieron desaparecer a Oesterheld.

viernes 9 de enero de 2009

¿Crisis en Argentina?

La Argentina es el país de la “crisis permanente”, o mejor dicho el país del “como sí” hubiera crisis. Así ha sido durante toda su historia en los últimos doscientos años, y ha servido a todo tipo de gobiernos y de instituciones de poder para sostenerse generando “consensos” que apelando a la “unidad nacional” suponen, en realidad, sostener situaciones insostenibles y por sobre todas las cosas subsidiar directa o indirectamente a nuestros capitalistas vernáculos.

La crisis es en realidad el discurso de la crisis: crisis económica, crisis de identidad, crisis del tránsito, crisis energética, crisis de los alquileres, crisis del campo, crisis de la familia, crisis del humo, crisis de la alcoholemia, crisis… crisis… crisis… Y así la crisis se ha naturalizado tanto y convertido en algo tan cotidiano que aunque la enunciemos y la enorme mayoría la entendamos y la vivamos como tal, se ha convertido en un perfecto simulacro de realidad para hacer no-visibles los problemas y contradicciones brutales que atraviesan nuestra sociedad.

Para los gobernantes (de todos los tiempos, con o sin botas, más o menos populares), el discurso de la crisis encubre su incompetencia, su mediocridad, su negocio… no hay que quejarse cuando hay crisis… la crisis es la culpable de todos los males y no la clase política; para los capitalistas (de todos los tiempos, nacionales o extranjeros, de la ciudad o el campo) un motivo para despedir trabajadores, bajar los salarios, y exigir al Estado subsidios, ayudas económicas, rebajas de impuestos, etc. En suma, el discurso del poder dice: “Hay crisis, no protestes, no te resistas, no molestes, hay que sacrificarse por la patria y morirse de hambre calladito y sin chistar”, porque en tiempos de crisis se vuelve más cierta que nunca la consigna de hierro de los que dominan: “siempre hubo ricos y pobres”, y en particular cuando hay “crisis”.

Por la crisis se venderán este año menos automóviles, menos playstation, y menos celulares, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡que terrible!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Pero parece que no es crisis que niños y mujeres indígenas o criollas de la Provincia del Chaco se mueran de desnutrición africana, o que los pobres vayan a los basureros municipales a buscar comida, o que los desocupados sigan cobrando $150 por mes desde hace nueve años, o que el 50% de la población del país se encuentre bajo la línea de pobreza, o que el Estado promueva y haga negocio fabricando los mil y un ilegalismos de todos los días, que son los que producen muchas de las crisis cotidianas (y no a la inversa) como la delincuencia, la proliferación del narcotráfico, los accidentes de tránsito, etc. etc. etc.

Una crisis supone cambio, confrontación, condición de posibilidad para una transformación, pero en la Argentina no hay crisis, lo que hay es todo lo contrario, es decir, una situación de aletargamiento y cristalización del estado de dominación; sálvese quién pueda, mire para otro lado cuando se le cruza un pobre, mantenga el statu quo, porque todo se va sin prisa pero sin pausa hacia la degradación social. Los que tienen no quieren que nada cambie, caminan en puntas de pié para no hacer olas; y a los que no tienen los entretienen con mil y una sandeces mediáticas y promesas pastorales de un futuro igual que es mucho mejor que un futuro peor.


Ustedes sabrán perdonar que el comentario quede aquí, es que estoy en “crisis”, esperando la bombita de luz de bajo consumo que prometió la presidenta cuando asumió, hace tanto tiempo y tan poco… Y ustedes que esperan, ¿la heladera o el autito?...

¡¡¡¡¡¡¡¡¡Good Show!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

jueves 8 de enero de 2009

Conociendo a Michel Foucault

Fragmentos del debate entre Michel Foucault y Noam Chomsky sobre la naturaleza humana (1971). Primero habla Chomsky y luego le responde Foucault. Aunque no lo puedan creer es el único video que encontré de Foucault con subtitulos en español. Por favor, si alguien sabe como o dónde localizar otro video le pido que nos cuente.



lunes 5 de enero de 2009

In Treatment (En tratamiento) Series TV: análisis

Revisando las nominaciones para la próxima entrega de los Premios Globo de Oro descubrí una serie de televisión de la que no tenía noticias. Se trata de “In Treatment” (“En tratamiento”), serie escrita, producida, y dirigida por Rodrigo García (Márquez) e interpretada por Gabriel Byrne (en el rol del terapeuta Paul Weston), fue estrenada en enero de 2008; remake de la serie israelí “Be Tipul” emitida entre 2005-2008. No voy a entrar en detalles porque están disponibles en varias páginas web y porque solo pude ver los primeros 5 episodios (la primera temporada tiene 43, son de 30’ cada uno) y hasta ahora la única referencia que tengo es la de mi amigo Ricardo que la vio entera y me la recomendó enfáticamente. De modo que el comentario sobre la serie en sí misma tendrá que esperar.

Lo que sí me interesa aclarar es un lugar común que observé en los distintos sitios de Internet y que produce confusión, y es que en casi todos los casos se dice que la serie es sobre “psicoanálisis”. Como dice el dicho que es más fácil que la verdad surja del error que de la confusión, y como este tipo de series tiene un poderoso efecto de verdad y de poder pastoral sobre muchos espectadores debo aclarar que el protagonista no es “psicoanalista” y la técnica que utiliza no es ni freudiana ni lacaniana, sino “cognitiva-conductual”. La aclaración la hace su productor, guionista y director en una nota publicada por el
Diario Página/12, y parece no haber tenido la suficiente difusión o atención entre los seguidores y comentaristas de la serie.

La terapia “cognitiva-conductual” es muy popular en los Estados Unidos y sus presupuestos son totalmente distintos que los del psicoanálisis, ya que no trabaja sobre el “inconsciente” sino sobre lo que denomina “patrones de pensamiento” y sus efectos sobre las emociones y la conducta. Pensamientos desviados, anormales, irracionales, distorsionados, que se vuelven obsesivos y circulares, provocarían las fobias, la depresión, y otros trastornos de conducta, y su remoción consistiría en reemplazarlos por otros pensamientos sustitutos más positivos, racionales, y normales. El paciente debe tomar conciencia de cómo estas anomalías afectan su vida cotidiana y la forma en que se procesan las experiencias del mundo de vida en que está inmerso.

Entonces, aclaramos la confusión ya que para muchos espectadores el simulacro del dispositivo analítico que muestra la serie se constituye en una “verdad” cuando no es otra cosa que un efecto de realidad. Aunque mi “marco teórico” está en las antípodas de las terapias cognitivo-conductuales, no abro en juicio al respecto y lo dejo para los psicólogos y psicoanalistas, pero creo que la aclaración vale la pena de hacerse en estos tiempos líquidos en que el simulacro desplaza a la realidad y en la que los sujetos buscan sustituir experiencias reales por experiencias mediáticas de realidad, en particular cuando se está en la búsqueda de “autoayuda”.

Por lo que me contó Ricardo la serie avanza hacia un planteo en el cual se pone en discusión la validez de este tipo de terapia y por eso, también, me parece oportuna la aclaración. Y no porque el “verdadero” psicoanálisis no pueda ser también criticado sino porque es bueno saber de qué se trata cuando lo que está en juego es la búsqueda de la “estética de uno mismo”.

sábado 3 de enero de 2009

Lost (Series TV): explicacion científica

¿Cómo va a mover Locke la isla? ¿Y dónde la moverá? Michio Kaku, autor de "Física de lo imposible", nos comenta que cree que Damon Lindelof y Carlton Cuse están usando la propiedad por excelencia de la isla- conocida como electromagnetismo y el efecto Casimir nombrado en el video de orientación de la estación Orchid- para abrir un túnel del tiempo transitable en diferentes sitios y momentos (el villano Keamy parece que lo verifica cuando busca por el segundo protocolo en el barco. Él sabe que el documento le dirá "donde va Linus. Si Linus sabe que vamos a quemar la isla, sólo hay un lugar dónde el pueda ir".)

El efecto Casimir y el tunel del tiempo transitable son reales, según los últimos avances de la ciencia, dice Kaku. "El efecto Casimir tiene que ver con la energía del vacío", dice. "Es la energía negativa la que tiene propiedades extrañas". Agujeros negros pueden abrir portales a otros universos, pero sería un viaje sin retorno porque son inestables y no pueden permanecer abiertos por sí solos. La energía Casimir podría, en teoría, mantener una puerta abierta y crear un túnel del tiempo transitable. Según Kaku, si una fuerza de energía como el gran electromagnetismo de Lost estuviera presente, un agujero negro podría abrirse y el efecto Casimir de la Isla podría mantenerlo abierto, creando un portal.

Ya hemos visto algún que otro salto de tiempo y espacio en la serie. Primero, la llegada de Ben al desierto de Túnez, que ya el Dr. Halliwax sugería sobre la habilidad de la isla de mandar personas a distintos lugares. Tan extraño como parece que el tiempo entre el barco y la isla esté cambiando: en los episodios anteriores, era de noche cuando Faraday usa el teléfono como telegráfo para mandar un mensaje en morse y preguntar qué ocurrió al médico pero es de día cuando se recibe el mensaje en el barco. No es hasta más tarde cuando Keamy le corta el cuello. (Nota: Asumimos que "Cabin Fever" sigue cronólogicamente a "The Shape of Things To Come").

Pero ¿cómo de cierto puede ser que una isla entera pueda moverse a través del tiempo y del espacio? Según Kaku, hay dos formas posibles: la teletransportación cuántica que puede mandar la isla de un lugar a otro; o a través de un túnel del tiempo, que teóricamente movería la isla a diferentes espacios del espacio y el tiempo. La teletransportación cuántica de fotones y átomos ya existe, dice Kaku – el record es 600 metros sobre el Rio Danubio- pero "mover una isla requeriría una tecnología siglos más avanzada de la que tenemos hoy en día". (Kaku también piensa que no es muy probable, debido a que en la serie no se ha nombrado la unión cuántica, que es necesaria para que este tipo de teletransportación ocurra).

Mientras que la teoría del túnel en el tiempo parece menos probable dado lo que sabemos sobre la Estación Orchid, la cantidad de energía que se necesita para mover una isla a través de un túnel espacial y temporal, según Kaku, es inmensa – se necesitaría la energía positiva de una estrella y la negativa de una estrella del tamaño de Júpiter solamente para crear un túnel suficientemente grande para una persona- y se necesitaría una tecnología millones de años más avanzada que la que tenemos hoy. "En principio, están entre las leyes de la Física", según Kaku, "pero sería unas leyes de la Física muy avanzadas y algo que no se puede investigar en el presente". Además, podría haber consecuencias "si no eres cuidadoso, podrías tragarte la Tierra en el proceso".




Michio Kaku: "The Constant"
If smoke monsters and tropical polar bears weren’t enough to keep our heads spinning, Thursday’s episode of Lost, “The Constant,” opened up a whole new can of worms: the fourth dimension.

Flying from the island toward a mysterious freighter, pilot Frank Lapidus can’t keep his helicopter on the bearing that physicist Daniel Faraday says will get Desmond and Sayid to the freighter safely—presumably through a wormhole. They encounter some turbulence, and Desmond begins, yes, traveling through time, with increasingly rapid lapses between 1996 and the present (which, on the show, is still 2004). With new particle physics research recently taking time travel from Doc Brown fantasy to down-the-line possibility, we spoke with Dr. Michio Kaku, whose new book, “Physics of the Impossible,” makes Lost’s flip-flop between past and present look, well, not impossible.

Unlike deadly black holes, traversable wormholes could make a condition such as Desmond’s feasible if the portals that skip time and space without an event horizon were ever discovered, Kaku says. When treating him remotely over Lost’s super satellite phone, Faraday asks Desmond if he had been exposed to any extreme doses of radiation or electromagnetic energy that could make him “a little confused.” And that’s where the show’s producers did their homework for the key plot twist when the helicopter sends Desmond’s conscience to become unstuck in time.

“To open the wormhole, you need large amounts of energy,” Kaku says. “In principle, if you could harness the energy of a star, you might be able to bend time into a pretzel, but we are talking about astronomical amounts of energy.” Maybe like a huge source of electromagnetic energy that needs to be discharged every 108 minutes to keep from ripping a giant, gaping hole in the time-space continuum? Like the one that Desmond got an extreme closeup with in the Season 2 finale?

Maybe. When Desmond warps back to visit Faraday at Oxford University in 1996, he watches Faraday zap a mouse with a dose of radiation, thereby sending her mind into the future. Upon her return a few minutes later, the lab rat can run a complex maze without hesitation; Faraday “unstuck” her in time. And there’s no law of physics preventing this kind of time travel—just a lack of know-how. Stephen Hawking tried to create a chronology projection conjecture forbidding time travel, but he failed. So while most physicists would say that time travel is possible, we’re not officially back to the future just yet.

“It would take a very advanced civilization to really do this,” Kaku says. “We are too primitive to harness this technology.” But it’s looking increasingly like some new island inhabitants might have just figured it out in time for some post-writers’ strike competition.
Erin Scottberg.