
Lost (2004-2010) marcó una nueva etapa en la historia de las series de televisión de ciencia ficción alterando significativamente no solo las matrices éticas y estéticas del género sino también las temáticas y la forma de presentarlas argumentalmente. Lost es la mejor expresión de un nuevo tipo de sujeto telespectador del género cuya constitución requiere de un individuo que funcione no solo como consumidor sino también como productor: para entender la trama el visionante debe salir a buscar pistas fuera del universo que propone la realidad ficcional y hacer entrar en juego todo tipo de saberes extra-diegéticos en una multiplicidad de campos del conocimiento: literatura, ciencia, arte, historia, sociología, filosofía, religión, costumbres, etc. en términos globales tanto espaciales como temporales.
A partir de Lost, y en particular en este año 2009, proliferaron estas nuevas series de ciencia ficción en las pantallas mundiales: The Prisoner, Fringe, Paradox, V Invasión Extraterrestre, Flashforward, Battlestar Galactica The Plan, de todas ellas ya he comentado sobre sus distintas performances, incluyendo Caprica (precuela de Battlestar Galactica que se emitirá a partir de enero 2010). Sin embargo decir que son “nuevas series” no significa que se escriban por fuera de la historia arqueológica del género y tampoco significa que todas sean logrados productos de la nueva matriz de producción y consumo (reconocimiento es el término más preciso) de series de ciencia ficción. Flashforward, Paradox, y Fringe, por ejemplo, son series sin una historia previa pero The Prisoner, V Invasión Extraterrestre, y Battlestar Galactica The Plan, son remakes (las dos primeras) y Precuela de una serie anterior (Battlestar Galactica); Caprica es una Precuela de la Precuela. Pero esta distinción no implica juicio de valor alguno ya que algunas fueron un fracaso y otras fueron o prometen ser grandes atractoras de reconocimiento en la audiencia (ver mis post anteriores para más datos).
Bien pensado hay una distinción que parece tener un rango explicativo más determinante: series norteamericanas y británicas. En este orden conceptual las “nuevas” series de ciencia ficción tienen una mayor profundidad histórica allí donde menos se hace visible, pues sin dudas es la serie británica Dr. Who la que abre, a partir de su primera emisión en ¡1963! y que aún continúa en el aire. Lost para los norteamericanos, Dr. Who para los británicos; ambas son expresiones artísticas de lo nuevo pero radicalmente diferentes en sus nudos conceptuales: en Lost el nudo conceptual es la condición humana, en Dr. Who los viajes en el tiempo (rara paradoja si se contrasta con el estereotipo que todos tenemos sobre la britanidad en la que la exactitud del tiempo newtoniano, el “five o’clock tea”, se deconstruye en tiempos alternos, reversibilidad de la flecha temporal, e imposibilidad de establecer un “cuando” con británica exactitud). Desde luego en Lost hay viajes temporales y en Dr. Who se problematiza la condición humana pero estas temáticas quedan subsumidas en la matriz conceptual predominante. Sin dudas los productores norteamericanos de la actualidad tienen en su campo de experiencias la experiencia británica aunque cuentan a su favor con el hecho de que las series británicas no tienen audiencias globales sino más bien locales (Gran Bretaña y Europa casi exclusivamente). En contra, cuando los norteamericanos quisieron hacer una remake de la británica Life On Mars fracasaron estrepitosamente: el sujeto espectador norteamericano no es el británico. Lost, en cambio, tiene una audiencia global que no es acompañada en su masividad por el sujeto espectador norteamericano.
Entre las “viejas” y las “nuevas” series hay series de transición que fueron producidas tanto por británicos como por norteamericanos: Star Trek Voyager, Star Trek Enterprise, Babylon 5, Life On Mars, Battlestar Galactica, son algunas de sus mejores expresiones, y de una u otra forma su marca está inscripta en lo que tuvimos oportunidad de ver durante este 2009: excepto Life On Mars (británica, heredera digna de Dr. Who) el resto tiene en Star Trek (norteamericana) su indeleble paternidad. Pero las “nuevas” tienen algo que las distingue netamente de sus antecesoras: están ancladas en las más rigurosas problemáticas que definen nuestra actualidad, a tal punto que algunas de ellas dudamos a veces en clasificarlas como ciencia ficción en el sentido originario del término, ya que su verosimilitud y efecto de realidad radica en que producen en el sujeto espectador la extraña sensación de que lo que muestran existe (en particular Fringe, Paradox, The Prisoner con sus misteriosas grandes corporaciones capitalistas dedicadas a desarrollos tecnocientíficos (Massive Dynamics, Prometeus Initiative, Summakor, y en alguna medida en Lost la corporación Mittelos Bioscience) y sus oscuros lazos con los complejos militar-científico-industrial que sabemos que existen pero no sabemos para qué existen.
Realidades alternas, viajes temporales, biotecnologías robóticas, inteligencia artificial: signos de nuestra época que abren universos de realidad ficcional más adecuados que los preexistentes (que ocurrían generalmente en el espacio exterior y en relación con otras especies alienígenas) para problematizar cómo el poder, en nuestra actualidad, asume la forma general del biopoder y la forma política de la gubernamentalidad. Antes como hoy la ciencia ficción no deja de constituirse en un género que abre las condiciones de posibilidad para producir una crítica de lo que somos hoy, de las nuevas formas de dominación que asume el capitalismo, y de su captura de la práctica científica como instrumento de esa dominación.
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