miércoles 30 de diciembre de 2009

El mito de la excepcionalidad argentina


Sobre la excepcionalidad argentina, la anomia, los ilegalismos, y por qué los argentinos somos como somos:



En su “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina” Bartolomé Mitre postuló el dogma de la excepcionalidad argentina fundada en un destino manifiesto y grandeza esencial que la hacía única entre todas las naciones de la Tierra; el sentido común se hizo cargo y nació la famosa frase hecha: “Dios es argentino”. Quizás estaba acertado aunque por razones muy distintas a las que esgrimió: ni dios es argentino, ni existen los destinos manifiestos, y mucho menos grandezas esenciales, sino un modo y una forma de organización económico-social-político-cultural que establece dominios, razones, y sistemas prácticos performativa de los sujetos. Desde que llegaron los españoles al Río de la Plata la excepcionalidad argentina consistió en que las cédulas reales eran “acatadas pero no cumplidas”; más tarde esa práctica se hizo común en el Virreinato del Río de la Plata para burlar las leyes restrictivas sobre el comercio exterior generando el contrabando como principal fuente de ingresos tanto de las autoridades virreinales como de la naciente burguesía criolla. La ley dice una cosa, todos dicen defender y acatar la ley, pero nadie la cumple: el Estado argentino nace como Estado de Excepción y a partir de ese momento hasta hoy toda su estructura práctica se organiza a partir de la administración de ilegalismos.



Amnistías, moratorias, condonaciones, 2x1 para los condenados, golpes militares que violaban la Constitución para defenderla, gobiernos democráticos que establecían proscripciones, asuetos, feriados que se festejan en un día alterno, bonus, etc. etc. etc., reino utópico del burgués gentilhombre argentino enmarañado en una trama infinita de leyes, códigos, reglamentos, ordenanzas, decretos de necesidad y urgencia, edictos, etc. que el propio Estado violaba alegremente para favorecer la acumulación del capital. Ya no el sentido común, sino los sistemas prácticos de la argentinidad, se hicieron cargo de la “excepcionalidad argentina” de lo más alto a lo más bajo de la sociedad para reclamar su cuota de ilegalismo, ya que si el Estado y la burguesía los utilizaban impunemente ¿por qué no hacerlo también las clases oprimidas y explotadas? No se trata de “anomia”, ni del “carácter argentino”, ni de preguntarse tontamente ¿Por qué no cumplimos las leyes? ¿Por qué somos como somos? sino preguntarse por las condiciones de emergencia de un estado de dominación que hizo del ilegalismo su principal verdad para ejercer el poder. No es un problema de educación ni de incultura, no es una cuestión psicológica e individual, no es un síntoma de la barbarie de las clases populares: es un síntoma de un modo de ejercicio del poder que facilita apropiaciones ilegales de capital, ganancias extraordinarias, híper corrupción generalizada, que explica esas expresiones tan argentinas como “esto es un viva la pepa” o “yo argentino” o “algo habrán hecho” o “el que no afana es un gil”.



Desde luego todo ilegalismo estructural genera tanto en términos individuales como de clase flagrantes injusticias sociales, judiciales, políticas, culturales, y económicas: pagas los impuestos y sos un gil porque viene la moratoria y el blanqueo; acatás la ley sos un gil porque la ley en la Argentina no tiene un largo brazo sino que es manca; todo es igual nada es mejor; estudiás y sos otro gil porque todo el mundo aprueba; te portás bien el colegio y sos un gil porque las amonestaciones son simbólicas y ahora hasta las han abolido, y así en todos y cada uno de los dispositivos por los que transitamos durante nuestras vidas: gubernamentalidad fundada en el ilegalismo.



Hoy el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió que se otorgaba un perdón o amnistía general a todos los automovilistas que durante el 2009 cometieron infracciones de tránsito. Otro ilegalismo se suma a la interminable lista. Después no se quejen de los accidentes, las muertes, los asesinatos al volante de transeúntes, de los motoqueros, ni de los cortes de calle: el Estado ilegalista castiga a quien cumple con la ley.



El sentido común globalizado dice: “toda regla tiene su excepción” pero en la Argentina la frase que corresponde es otra: “toda excepción tiene su regla”. Feliz Año Nuevo 2010 mis queridos compatriotas y a gozar de la excepcionalidad argentina.

Lost: Promo Sexta Temporada




martes 29 de diciembre de 2009

Ranking Series TV 2009

Estas son las series de televisión que visioné durante el año 2009 y mi valoración de cada una de ellas según el siguiente criterio:

Verde: excelente

Naranja: regular

Rojo: malísimas


Ashes to Ashes*

Battlestar Galactica

Battlestar Galactica Razor****

Battlestar Galactica The Plan****

Caprica**

Damages

Dexter

Dr. Who***

Flashforward*

Fringe

In Treatment

Law & Order (UK)*

Lie to Me*

Life on Mars (UK)

Life on Mars (EEUU)*

Lost

Mad Men*

Paradox

The Prisoner

The Shield

The Wire*

Twin Peaks

Star Trek Enterprise

V (2009)

*Episodio Piloto

** Episodio Pre-air

***Trilogía “The Master”

****Telefilm

lunes 28 de diciembre de 2009

Avatar (James Cameron)


Atención: la película Avatar se estrena en Argentina el día 1 de enero de 2010.

Aún antes de ver la película ya es posible observar algunos efectos de verdad producidos en la audiencia por su mismo título, Avatar, ya que en nuestra experiencia cotidiana lo asociamos en forma naturalizada al icono, imagen, o representación que nos identifica como internautas. De ahí que muchos supongan, sin conocer el argumento, que la película tiene algo que ver con realidades virtuales o fantasías animadas en las que se confunden los mundos reales con los virtuales. Sin embargo, si nos informamos del argumento, veremos que James Cameron utiliza el término avatar en su significado originario dentro de la filosofía religiosa hindú: avatar, del sánscrito avatara, que significa “el que desciende”. Para el hinduismo los dioses solo tienen una forma de intervenir directamente en los asuntos humanos encarnándose en un cuerpo que utilizan para “descender” de los cielos a la tierra; incluso hay dioses como Vishnú que a lo largo de la historia han recurrido a numerosos “avatares”, el más conocido de ellos Krishna (“el octavo avatar de Vishnú).

La originalidad del relato creado por Cameron consiste en jugar con esta idea de avatar para construir una metáfora invertida sobre uno de los géneros cinematográficos más recurrentes de la historia del cine, la lucha desigual entre conquistadores y conquistados, civilización y barbarie, tecnología y naturaleza, y en la que uno de los conquistadores decide cambiarse de bando y colaborar con los conquistados apoyando su resistencia; películas como “Danza con lobos”, “Star Trek Insurrection”, o más recientemente “El último Samurai” son algunos ejemplos recientes y exitosos de este género cinematográfico. En el caso de Avatar el que “desciende a la tierra” como si fuera un dios hindú es un humano, un soldado que forma parte del ejército conquistador, y lo hace encarnándose en un cuerpo de la especie extraterrestre que debe ser sometida y conquistada. El mundo alien no tiene nada de virtual dentro de la diégesis (mundo ficcional de la novela, el cine, o la serie de televisión), es un mundo como la Tierra ubicado dentro de nuestro universo, habitado por seres tan reales como nosotros, y es allí, en el planeta Pandora, donde transcurre la historia.

Lo interesante es que la relación entre Avatar y las nuevas tecnologías digitales radica en que está producida con esas tecnologías high-tech, lo que la convierte en uno de los mayores exponentes del llamado hipercine de la era hipermoderna como propone Gilles Lipovetsky, y que no solo tiene que ver con que es una película en formato 3D, sino en que está íntegramente producida digitalmente tanto en sus partes filmadas con actores y locaciones reales como en aquellas creadas por computadora.

En un próximo comentario mi análisis sobre la historia que cuenta Avatar.

PS: En el cristianismo primitivo existían distintas creencias sobre la naturaleza humana o divina de Jesús una de las cuales, el arrianismo, sostenía una postura muy similar a la sustentada por el hinduismo: Jesús era un humano en el que Dios se había encarnado. Pero en el Concilio de Nicea realizado en el año 324 DC, se resolvió condenar el arrianismo como una herejía y establecer como único dogma para toda la fe cristiana la doctrina de la Trinidad que había sido enunciada por Tertuliano cien años antes: "tres personas distintas un solo dios verdadero".


PS2: Se considera que el hipercine nace con la segunda trilogía de "La guerra de las galaxias" de George Lukas.

domingo 27 de diciembre de 2009

Ciencia Ficción (Series Tv)


Lost (2004-2010) marcó una nueva etapa en la historia de las series de televisión de ciencia ficción alterando significativamente no solo las matrices éticas y estéticas del género sino también las temáticas y la forma de presentarlas argumentalmente. Lost es la mejor expresión de un nuevo tipo de sujeto telespectador del género cuya constitución requiere de un individuo que funcione no solo como consumidor sino también como productor: para entender la trama el visionante debe salir a buscar pistas fuera del universo que propone la realidad ficcional y hacer entrar en juego todo tipo de saberes extra-diegéticos en una multiplicidad de campos del conocimiento: literatura, ciencia, arte, historia, sociología, filosofía, religión, costumbres, etc. en términos globales tanto espaciales como temporales.



A partir de Lost, y en particular en este año 2009, proliferaron estas nuevas series de ciencia ficción en las pantallas mundiales: The Prisoner, Fringe, Paradox, V Invasión Extraterrestre, Flashforward, Battlestar Galactica The Plan, de todas ellas ya he comentado sobre sus distintas performances, incluyendo Caprica (precuela de Battlestar Galactica que se emitirá a partir de enero 2010). Sin embargo decir que son “nuevas series” no significa que se escriban por fuera de la historia arqueológica del género y tampoco significa que todas sean logrados productos de la nueva matriz de producción y consumo (reconocimiento es el término más preciso) de series de ciencia ficción. Flashforward, Paradox, y Fringe, por ejemplo, son series sin una historia previa pero The Prisoner, V Invasión Extraterrestre, y Battlestar Galactica The Plan, son remakes (las dos primeras) y Precuela de una serie anterior (Battlestar Galactica); Caprica es una Precuela de la Precuela. Pero esta distinción no implica juicio de valor alguno ya que algunas fueron un fracaso y otras fueron o prometen ser grandes atractoras de reconocimiento en la audiencia (ver mis post anteriores para más datos).



Bien pensado hay una distinción que parece tener un rango explicativo más determinante: series norteamericanas y británicas. En este orden conceptual las “nuevas” series de ciencia ficción tienen una mayor profundidad histórica allí donde menos se hace visible, pues sin dudas es la serie británica Dr. Who la que abre, a partir de su primera emisión en ¡1963! y que aún continúa en el aire. Lost para los norteamericanos, Dr. Who para los británicos; ambas son expresiones artísticas de lo nuevo pero radicalmente diferentes en sus nudos conceptuales: en Lost el nudo conceptual es la condición humana, en Dr. Who los viajes en el tiempo (rara paradoja si se contrasta con el estereotipo que todos tenemos sobre la britanidad en la que la exactitud del tiempo newtoniano, el “five o’clock tea”, se deconstruye en tiempos alternos, reversibilidad de la flecha temporal, e imposibilidad de establecer un “cuando” con británica exactitud). Desde luego en Lost hay viajes temporales y en Dr. Who se problematiza la condición humana pero estas temáticas quedan subsumidas en la matriz conceptual predominante. Sin dudas los productores norteamericanos de la actualidad tienen en su campo de experiencias la experiencia británica aunque cuentan a su favor con el hecho de que las series británicas no tienen audiencias globales sino más bien locales (Gran Bretaña y Europa casi exclusivamente). En contra, cuando los norteamericanos quisieron hacer una remake de la británica Life On Mars fracasaron estrepitosamente: el sujeto espectador norteamericano no es el británico. Lost, en cambio, tiene una audiencia global que no es acompañada en su masividad por el sujeto espectador norteamericano.



Entre las “viejas” y las “nuevas” series hay series de transición que fueron producidas tanto por británicos como por norteamericanos: Star Trek Voyager, Star Trek Enterprise, Babylon 5, Life On Mars, Battlestar Galactica, son algunas de sus mejores expresiones, y de una u otra forma su marca está inscripta en lo que tuvimos oportunidad de ver durante este 2009: excepto Life On Mars (británica, heredera digna de Dr. Who) el resto tiene en Star Trek (norteamericana) su indeleble paternidad. Pero las “nuevas” tienen algo que las distingue netamente de sus antecesoras: están ancladas en las más rigurosas problemáticas que definen nuestra actualidad, a tal punto que algunas de ellas dudamos a veces en clasificarlas como ciencia ficción en el sentido originario del término, ya que su verosimilitud y efecto de realidad radica en que producen en el sujeto espectador la extraña sensación de que lo que muestran existe (en particular Fringe, Paradox, The Prisoner con sus misteriosas grandes corporaciones capitalistas dedicadas a desarrollos tecnocientíficos (Massive Dynamics, Prometeus Initiative, Summakor, y en alguna medida en Lost la corporación Mittelos Bioscience) y sus oscuros lazos con los complejos militar-científico-industrial que sabemos que existen pero no sabemos para qué existen.



Realidades alternas, viajes temporales, biotecnologías robóticas, inteligencia artificial: signos de nuestra época que abren universos de realidad ficcional más adecuados que los preexistentes (que ocurrían generalmente en el espacio exterior y en relación con otras especies alienígenas) para problematizar cómo el poder, en nuestra actualidad, asume la forma general del biopoder y la forma política de la gubernamentalidad. Antes como hoy la ciencia ficción no deja de constituirse en un género que abre las condiciones de posibilidad para producir una crítica de lo que somos hoy, de las nuevas formas de dominación que asume el capitalismo, y de su captura de la práctica científica como instrumento de esa dominación.





Visite el sitio web de Massive Dynamics


Visite el sitio web de Summakor


miércoles 23 de diciembre de 2009

Paradox TV series (1)

“Ahora bien, aún cuando la imagen sea hasta cierto punto límite de sentido (y sobre todo por ello), ella nos permite volver a una verdadera ontología de la significación. ¿De qué modo la imagen adquiere sentido? ¿Dónde termina el sentido? y si termina, ¿qué hay más allá?” (Roland Barthes, Retórica de la imagen)

En los laboratorios de Prometheus, una Corporación que trabaja para el Ministerio de Defensa británico, el Dr. Christian King –un astrofísico que estudia los efectos de las tormentas solares sobre los dispositivos electrónicos militares- comienza a recibir un paquete de imágenes fragmentarias, desordenadas, y aparentemente incoherentes en las que lo único claro son dos cosas: alguien va a morir y esa muerte ocurrirá exactamente 18 horas en el futuro. La policía de Manchester encarga a la Detective Inspector Rebecca Flint y su equipo para que hagan todo lo posible por descifrar el mensaje que muestran las imágenes para prevenir el crimen. ¿Quién y por qué envía esas imágenes? ¿Por qué el futuro que anticipan se refiere a situaciones cotidianas que nada parece tener que ver con acontecimientos más relevantes? ¿Se puede cambiar el futuro? Esta es la trama argumental y los dilemas que nos plantea esta serie donde se conjugan creencias religiosas, ciencia, criminalística, y filosofía poniéndose todas ellas en cuestión y generando un dilema ético que problematiza la condición humana en un contexto verosímil, cotidiano, aparentemente irrelevante, extremadamente crítico. Como ya nos tienen acostumbrados los realizadores británicos la estética de la serie es increíble y por todos lados las problemáticas de actualidad son presentadas sin eufemismos ni dobles discursos. La serie tiene, sin dudas, un parecido de familia con Fringe pero aquí acaban las similitudes ya que Paradox genera un universo diegético singular, con la ciudad de Manchester como escenario (como en Life On Mars con la que comparte además un estilo de organización de la trama típicamente británico y en el extremo opuesto de las series norteamericanas). Audaz propuesta de la BBC que demuestra que una televisión crítica y artística es posible y que cada vez más la ciencia ficción opera como un excelente género para abordar críticamente nuestra actualidad en estos tiempos de transición entre la sociedad disciplinaria y la sociedad de control.

En un próximo post, el análisis de la serie.

País: Gran Bretaña

Cadena: BBC ONE

Género: Ciencia Ficción

Productores Ejecutivos: Murray Ferguson y Patrick Spence

Temporadas: 1

Episodios: 5

Estreno: 24 de noviembre de 2009

Casting: Tamzin Outhwaite (“DI Rebecca Flint”), Mark Bonnar (“DS Ben Holt”), Emun Elliott (“Dr. Christian King”), y Chiké Okonkwo (“DC Callum Gada”).





martes 22 de diciembre de 2009

Deleuze: ¿Qué es la filosofía? (1)

(Acontecimiento y revolución)

“Un monumento no conmemora, no honra algo que ocurrió, sino que susurra al oído del porvenir las sensaciones persistentes que encarnan el acontecimiento: el sufrimiento eternamente renovado de los hombres, su protesta recreada, su lucha siempre retomada. ¿Resultaría acaso todo en vano porque el sufrimiento es eterno, y porque las revoluciones no sobreviven a su victoria? Pero el éxito de una revolución sólo reside en la revolución misma, precisamente en las vibraciones, los abrazos, las aperturas que dio a los hombres en el momento en que se llevó a cabo, y que componen en sí un monumento siempre en devenir, como esos túmulos a los que cada nuevo viajero añade una piedra. La victoria de la revolución es inmanente y consiste en los nuevos lazos que instaura entre los hombres, aún cuando éstos no duren más que su materia en fusión y muy pronto den paso a la división, a la traición” (Gilles Deleuze, “Percepto, Afecto, y Concepto”, ¿Qué es la filosofía?).

lunes 21 de diciembre de 2009

Bicentenario Argentina

El Nuevo Diario de la Provincia de Santiago del Estero, uno de los medios escritos más importantes de la Provincia, publica en su edición de hoy un artículo de mi autoría titulado "La argentinidad entre el Centenario y el Bicentenario"; para leer el artículo hagan click AQUI.

Series Finale (2010)


En la jerga de las series de televisión se conoce como “series finale” al último episodio con el que termina una serie, es decir, con el que concluye el relato y se produce la síntesis argumental. La aparición, en los últimos años, de series cuya trama se desarrolla en continuidad durante las sucesivas temporadas ha convertido en relevantes los finales como lo es el capítulo final de una novela: allí se juega a suerte y verdad si valió la pena o no engancharse durante cuatro, cinco, o seis años con una serie. En mi caso personal suelo relativizar la importancia de este episodio final al evaluar un serie de televisión ya que considero que algo pasó en el medio y eso que pasó, si me mantuvo tanto tiempo en vilo, merece ser considerado; en última instancia lo que evalúo de un episodio final es el guión y a los guionistas en su capacidad para ser originales en la resolución de las complejas tramas que desarrollan y que no siempre logran resolver con maestría y creatividad. No obstante, el episodio final es crucial a la hora de juzgar el carácter transgresor del relato: se puede ser muy transgresor en la continuidad pero darle un final que clausure la transgresión y afirme el orden dominante de las palabras, las imágenes, y las cosas. El año 2010 tendremos dos “series finale” en los que precisamente se juega a todo o nada el valor crítico del relato: Lost y Dexter, y dado el carácter transgresor de ambas su relevancia se torna crucial. Espero que el final de ambas series siga el camino de otras finales memorables como el de “Babylon 5”, “Life on Mars”, o “The Prisoner 2009” y no el que lamentablemente tuvo “Battlestar Galactica”.

domingo 20 de diciembre de 2009

Ricardo Fort y la argentinidad


Hace unos días me llamaron de una revista para conocer mi opinión sobre el “fenómeno de las celebridades mediáticas”, pero que en realidad estaba focalizada en “el fenómeno Ricardo Fort” y como en la nota que finalmente fue publicada solo consignaron dos frases mías, y además fuera de contexto, me parece oportuno aclarar mi posición sobre el tema. Lo que dije, palabras más o menos es lo siguiente:

No utilizo categorías positivistas tales como “pervertido”, “anormal”, “patológico”, para realizar mis análisis sociológicos, tampoco estoy de acuerdo con quienes ven en la televisión una especie de máquina diabólica que “descerebra” y “educa con malos ejemplos” a los televidentes. Lo mismo se decía a principios del siglo XX, positivismo mediante, sobre el teatro, el circo criollo, y el sainete, y se impugnaba “el mal ejemplo” que supuestamente facilitaban obras como “Juan Moreira” o del escritor Florencio Sánchez; también se decía que quienes gustaban de estas obras eran “enfermos”, “pervertidos”, “anormales”, “patológicos”. Igual que hoy, la “culpa” la tenía el mal gusto de los espectadores, y ese mal gusto se explicaba sencillamente por cuestiones de clase. También en esa época todo lo masivo y popular, como hoy, era visto en forma condenatoria, oponiéndole “lo cultural” es decir, los gustos y preferencias que supuestamente tiene la burguesía; hoy le toca el turno a la televisión aunque en realidad, una vez más, el palo va dirigido a los grasitas de turno. En fin. No hay nada nuevo bajo el sol de la argentinidad.

Dicho esto, aclaro lo que pienso. El gusto por cualquier cosa es una producción social y en el caso de los programas de televisión (y no la televisión en abstracto) también; todo es cultura y no solamente una Opera o Concierto de Bach, y en ambos casos los sujetos espectadores son una minoría. Desde luego, hay programas de televisión cuyas formas estéticas y discursos éticos no los comparto pero no porque perviertan a nadie sino porque producen como efectos de poder la naturalización de lo social como algo dado de una vez y para siempre, porque reproducen estereotipos discriminatorios, porque achican el horizonte posible de cambio social, porque cristalizan lugares y espacios sociales de clase, porque despliegan modelos estéticos y éticos consumistas, individualistas, y reaccionarios, y porque (la lista sería larga de enumerar) desplazan la atención hacia aspirabilidades inalcanzables (las celebridades, los famosos, los que “salen en televisión”) haciendo que todos nos conformemos con lo que tenemos y el lugar donde estamos (la famosa consigna “todo por un sueño”).

Sobre quienes participan de estos programas no emito opinión porque están en el escalón más bajo de la cadena alimenticia del negocio del espectáculo (de este o del otro lado de la pantalla) y están sujetados (más que el resto) a las reglas que impone la sociedad del espectáculo en que vivimos. Entonces digo que el fenómeno de las celebridades y los famosos (que en realidad dura lo que un suspiro) dice más sobre quienes hacen ese tipo de televisión y sobre quienes ejercen el poder (económico, político, cultural, ideológico) en la sociedad argentina que sobre sus ocasionales protagonistas mediáticos. En cuanto al sujeto espectador de televisión, la “audiencia” como masa informe de individuos que ven absortos cualquier cosa que les ofrecen es un discurso carente en lo absoluto de cualquier validación empírica, de hecho son más los argentinos y argentinas que no encienden el televisor que los que lo encienden, y de los que lo encienden la enorme y aplastante mayoría tiene como regla básica “cambiar de canal”. Hay que dar un vistazo a los niveles de audiencia de los programas que supuestamente “mira todo el mundo” para darse cuenta que “todo el mundo” está haciendo otra cosa en ese momento, y para que UN día en todo el año 2009 un programa como ShowMatch alcance los 33 puntos de raiting se requiere de un gran esfuerzo mancomunado para atraer la atención del telespectador (que va desde los programas periodísticos de espectáculos a programas periodísticos tan serios como “Tiene la palabra”, pasando por todos los medios gráficos, radios, noticieros, programas de actualidad, etc.) que ya está saturado de ver las sucesivas y repetitivas ediciones de la promesa del sueño cumplido por televisión y que se engancha con algo nuevo que aparece, tal como un hijo “descarriado” de la burguesía devenido showman, al igual que muchos italianos, por dar un ejemplo actual, se enganchan con las andanzas de su “Primer Cavalieri”. La burguesía seria (y no solo la burguesía) aprovecha y hace negocios al mismo tiempo que se rasga las vestiduras sobre el mal gusto de sus consumidores de baratijas nacionales e importadas. Y que compran esas baratijas no porque sean grasas sino porque los hicieron grasas destruyendo no solo la escuela pública sino también las fuentes de trabajo.

Quédense tranquilos muchachos progresistas que le echan la culpa de todos los males sociales que sufren la mitad de los argentinos y argentinas -que no tienen trabajo, que están por debajo de la línea de pobreza, que no tienen donde caerse muertos como dice el tango- a un programa de televisión y a una celebridad mediática, porque nadie va a aprender ningún mal ejemplo, ni se va a pervertir, ni se va a volver anormal por divertirse un ratito mirando a Ricardo Fort. Simplemente va a seguir siendo la misma sin cambiar lo que es, y lo que es no depende de la grilla de programación sino de las condiciones de existencia que le impone la sociedad capitalista en que vivimos.


Y por cierto, Ricardo Fort perdió la votación de la supuesta audiencia "descerebrada" y el juego lo ganó su Némesis, Silvina Escudero, que fue -en el contexto del juego artístico-mediático que propone el programa- quien mejor bailó y actuó "el musical de tus sueños".

sábado 19 de diciembre de 2009

Michel Foucault: Sade, sargento del sexo


(Fragmento de una entrevista realizada a Michel Foucault en 1975)

(…) El nazismo no fue inventado por las grandes locuras eróticas del siglo veinte, sino por pequeños burgueses de los más siniestros, molestos y asquerosos que se pueda imaginar. Himmler era vagamente agrónomo, y se había casado con una enfermera. Es necesario comprender que los campos de concentración nacieron de la imaginación conjunta de una enfermera de hospital y de un criador de pollos. Hospital más corral: he aquí el fantasma que se encontraba detrás de los campos de concentración. Allí se mataron a millones de personas, así que no estoy diciendo esto para disminuir el vituperio que debe recaer en tal empresa, sino justamente para desencantarla de todos los valores eróticos que han querido imponerle. Los nazis eran domésticas en el mal sentido de la palabra. Trabajaban con el trapo de piso y la escoba, queriendo purgar a la sociedad de todo aquello que consideraban supuraciones, escoria, basura: sifilíticos, homosexuales, judíos, los de sangre impura, negros, locos. Es el infecto sueño pequeño burgués de la propiedad racial lo que subtiende el sueño nazi. Eros ausente. Dicho esto, no es imposible que localmente haya habido, en el interior de esa estructura, relaciones eróticas que hayan anudado, en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo, al verdugo con el ajusticiado. Pero era accidental. El problema que se plantea es el de saber por qué hoy nos imaginamos tener acceso a ciertos fantasmas eróticos a través del nazismo. ¿Por qué esas botas, esos cascos, esas águilas con las que tan a menudo se entusiasman, y sobre todo en los Estados Unidos? ¿No es la incapacidad que tenemos de vivir realmente ese gran encantamiento del cuerpo desorganizado lo que nos hace volcarnos hacia un sadismo meticuloso, disciplinario, anatómico? ¿El único vocabulario que poseemos para retranscribir ese gran placer del cuerpo en explosión, será esta fábula triste de un reciente Apocalipsis político? ¿No poder pensar la intensidad del presente sino como el fin del mundo en un campo de concentración? ¡Vea lo pobre que es nuestro tesoro de imágenes! Y cuán urgente es fabricar uno nuevo en lugar de llorar con las quejas de "la alienación" y de vilipendiar el "espectáculo" (…)


(…) Ud. sabe, yo no estoy por la sacralización absoluta de Sade. Después de todo, estaría dispuesto a admitir que Sade haya formulado el erotismo propio de una sociedad disciplinaria, una sociedad reglamentaria, anatómica, jerarquizada, con su tiempo cuidadosamente distribuido, sus espacios delimitados, sus obediencias y sus vigilancias. Se trata de salir de esto y del erotismo de Sade. Hay que inventar con el cuerpo, con sus elementos, sus superficies, sus volúmenes, sus espesuras, un erotismo no disciplinario: el del cuerpo en estado volátil y difuso, con sus encuentros azarosos y sus placeres incalculables. Y lo que me fastidia es que se utilice en películas recientes un cierto número de elementos que resucitan a través del tema del nazismo un erotismo de tipo disciplinario. Tal vez haya sido el de Sade. Tanto peor entonces para la sacralización literaria de Sade, tanto peor para Sade: nos fastidia, él es un disciplinario, un sargento del sexo (…)

viernes 18 de diciembre de 2009

Bicentenario Argentina: cortes de calle, tránsito, argentinidad

Ya a principios del siglo XX el sociólogo positivista Carlos Octavio Bunge, en su libro Nuestra América, señalaba que la pueblada constituía una forma de protesta social típica y característicamente argentina cuyo nacimiento podía establecerse incluso en las profundidades históricas del Virreinato del Río de la Plata. Para Bunge la pueblada argentina tenía sus raíces en una compleja determinación entre raza, clase, y estructura económico-política, y constituía una enfermedad social que explicaba como los “ataques epilépticos” que producía en los sectores populares la degeneración de la “clase directora” y sus aparatos de gobierno político y gestión económica. Hoy, a cien años de distancia podemos confirmar el carácter autóctono de la pueblada como una de las formas de resistencia al ejercicio del poder político que atraviesa la historia de la sociedad argentina hasta la actualidad y que puede ser caracterizada como un estallido violento, cuyo blanco son los aparatos represivos y de gobierno del Estado, corporizado principalmente por las clases medias urbanas, y que se agota en sí misma rápidamente como una tormenta de verano.

La pueblada urbana sería la forma típica de resistencia a las particularidades de la sociedad disciplinaria argentina lo que explicaría, en el actual período de transición entre sociedades disciplinarias y de control cuyo nacimiento podemos ubicar hacia fines del siglo XX, que todavía existan condiciones de posibilidad para que vuelva a aparecer aunque haya sido relegada a un segundo plano por nuevas formas de resistencia también típicamente argentinas como el corte de calles. Esta novedosa forma de resistencia no tiene el carácter destituyente de la pueblada sino que expresa las profundas transformaciones producidas en la estructura social argentina que operan como base material de la subsunción de la sociedad disciplinaria en la sociedad de control. El corte de calles –y no el corte o bloqueo de rutas- también es una forma típicamente argentina de resistencia pero su blanco es la madre de todas las sociedades de control y consumidores: la circulación. Incluso presenta una diferencia fundamental con la pueblada ya que a diferencia de ésta produce una posición de sujeto resistente: el piquetero, lo que explica que permita la aparición de formas organizadas y persistentes en el tiempo –antes, durante, y después de la práctica de cortar calles- y que ocasionalmente pueda incluso ser utilizada por las clases medias.

Como en toda sociedad de clases, la clase media está en continua oscilación entre su aspirabilidad a convertirse en burguesía y el rechazo de la burguesía a permitir que dicha aspirabilidad sea alcanzada. De modo que la clase media, tan asediada como los trabajadores por la gubernamentalidad neoliberal también oscila entre el rechazo del corte de calles –cuando son los trabajadores ocupados o desocupados quienes lo practican- y la adopción del corte de calles cuando se siente acorralada. Sin dudas prefiere la versión light de la pueblada, el cacerolazo, pero a veces la burguesía no le deja otro camino que cortar la calle aunque su discurso siempre aclare a quien quiera escucharlo que “no tenemos nada que ver con los piqueteros”. Si hacen lo mismo que los piqueteros, ¿Qué los hace diferentes? Que no se constituyen ni quieren constituirse como sujetos piqueteros, es decir, asumir un lugar de clase que considera inferior y que, lógicamente, la aleja aún más de su sueño de aspirabilidad burguesa.

Pueblada, corte de calles, cacerolazo, son resistencias en el sentido que Michel Foucault le otorga al término, es decir, uno de los polos co-constitutivos de toda relación de poder. De lo cual puede deducirse que si existen estas formas de resistencia es porque existen formas de ejercicio del poder que las producen y que tanto unas como otras componen la particularidad histórica que estructura y organiza el orden social en nuestra sociedad.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Michel Foucault: Problematizations (3)

This interview took place in order for Foucault to answer questions frequently asked by American audiences. It was conducted by Paul Rabinow in May 1984, just before Foucault’s death. Translation by Lydia Davis, volume 1 “Ethics” of “Essential Works of Foucault”, The New Press 1997.



Paul Rabinow: You have recently been talking about a “history of problematics”. What is a history of problematics ?

Michel Foucault: For a long time, I have been trying to see if it would be possible to describe the history of thought as distinct both from the history of ideas (by which I mean the analysis of systems of representation) and from the history of mentalities (by which I mean the analysis of attitudes and types of action [schémas de comportement]). It seemed to me there was one element that was capable of describing the history of thought—this was what one could call the problems or, more exactly, problematizations. What distinguishes thought is that it is something quite different from the set of representations that underlies a certain behavior; it is also quite different from the domain of attitudes that can determine this behavior. Thought is not what inhabits a certain conduct and gives it its meaning; rather, it is what allows one to step back from this way of acting or reacting, to present it to oneself as an object of thought and to question it as to its meaning, its conditions, and its goals. Thought is freedom in relation to what one does, the motion by which one detaches from it, establishes it as an object, and reflects on it as a problem.

To say that the study of thought is the analysis of a freedom does not mean one is dealing with a formal system that has reference only to itself. Actually, for a domain of action, a behavior, to enter the field of thought, it is necessary for a certain number of factors to have made it uncertain, to have made it lose its familiarity, or to have provoked a certain number of difficulties around it. These elements result from social, economic, or political processes. But here, their only role is that of instigation. They can exist and perform their action for a very long time, before there is effective problematization by thought. And when thought intervenes, it doesn’t assume a unique form that is the direct result or the necessary expression of these difficulties; it is an original or specific response—often taking many forms, sometimes even contradictory in its different aspects—to these difficulties, which are defined for it by a situation or a context, and which hold true as a possible question.

To one single set of difficulties, several responses can be made. And most of the time different responses actually are proposed. But what must be understood is what makes them simultaneously possible: it is the point in which their simultaneity is rooted; it is the soil that can nourish them all in their diversity and sometimes in spite of their contradictions. To the different difficulties encountered by the practice regarding mental illness in the eighteen century, diverse solutions were proposed: Tuke’s and Pinel’s are examples. In the same way, a whole group of solutions was proposed for the difficulties encountered in the second half of the eighteenth century by penal practice. Or again, to take a very remote example, the diverse schools of philosophy of the Hellenistic period proposed different solutions to the difficulties of traditional sexual ethics.

But the work of a history of thought would be to rediscover at the root of these diverse solutions the general form of problematization that has made them possible—even in their very opposition; or what has made possible the transformation of the difficulties and obstacles of a practice into a general problem for which one proposes diverse practical solutions. It is problematization that responds to these difficulties, but by doing something quite other than expressing them or manifesting them: in connection with them, it develops the conditions in which possible responses can be given; it defines the elements that will constitute what the different solutions attempt to respond to. This development of a given into a question, this transformation of a group of obstacles and difficulties into problems to which the diverse solutions will attempt to produce a response, this is what constitutes the point of problematization and the specific work of thought.

It is clear how far one is from an analysis in terms of deconstruction (any confusion between these two methods would be unwise). Rather, it is a question of a movement of critical analysis in which one tries to see how the different solutions to a problem have been constructed; but also how these different solutions result from a specific form of problematization. And it then appears that any new solution which might be added to the others would arise from current problematization, modifying only several of the postulates or principles on which one bases the responses that one gives. The work of philosophical and historical reflection is put back into the field of the work of thought only on condition that one clearly grasps problematization not as an arrangement of representations but as a work of thought.

Dexter (Series TV) "Venus" el tema musical de Trinity Killer

El tema musical que obsesiona a Arthur Trinity Mitchel se titula "Venus" (1959) de Frankie Avalon; aquí les dejo la letra en castellano y la versión en audio (en inglés) para que intenten descifrar qué misteriosa relación tiene con su "oscuro pasajero". Y algo más, de alguna manera paradójica el tema parece referirse más a Dexter que a Trinity o quizás a lo que tienen en común: alguna vez haber intentado cambiar a partir de construir una salida a través de una relación amorosa. Ahora que lo pienso recordemos que Trinity tuvo un amor y una hija antes de su actual familia, algo sucedió y el intento fracasó (nunca sabremos cómo murió la primera esposa de Trinity pero seguramente eso está relacionado con su ruptura con la hija y con el maltrato a su familia actual así como a su "entrega" a ser un asesino serial). En fin, ¿que opinan?


Hey, Venus! Oh, Venus!
Hey, Venus! Oh, Venus!
Venus, si así lo deseas
Por favor envíame una chica para ilusionarme
Una chica que desee mis besos y mis brazos
Una chica con todos tus encantos

Venus, que sea justa
Una chica con rayos de sol en su cabello
Y toma el brillo de las estrellas del cielo
Y ponlo en los sus ojos para mí
Venus, como diosa del amor que eres
Seguramente las cosas que te pido
No son una tarea muy grande

Venus, si lo haces
Prometo que siempre seré fiel
Le entregaré todo el amor que tengo para dar
Por el resto de nuestras vidas

Hey, Venus! Oh, Venus!
Vuelve mi sueño realidad

Hey, Venus! Oh, Venus!
Hey, Venus! Oh, Venus!
Hey, Venus! Oh, Venus!


frankie avalon -venus 1959 -


martes 15 de diciembre de 2009

Julio Cortazar: Poema La Patria

Esta tierra sobre los ojos,
este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles,
esta noche continua, esta distancia.
Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba,
pobre sombra de país, lleno de vientos,
de monumentos y espamentos,
de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos,
escupido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas,
repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando
de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides.

Pobres negros.

Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego,
dónde el que come los asados y te tira los huesos.
Malandras, cajetillas, señores y cafishos,
diputados, tilingas de apellido compuesto,
gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos,
centroforwards, livianos, Fangio solo, tenientes primeros,
coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos,
bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,
secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco,
contraflor al resto. Y qué carajo,
si la casita era su sueño, si lo mataron en
pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva.

Liquidación forzosa, se remata hasta lo último.

Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía,
te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña
envuelto en la bandera que nos legó Belgrano,
mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate
con su verde consuelo, lotería del pobre,
y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos
para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos.
Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos,
pobres blancos que viven un carnaval de negros,
qué quiniela, hermanito, en Boedo, en la Boca,
en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera,
en los ranchos que paran la mugre de la pampa,
en las casas blanqueadas del silencio del norte,
en las chapas de zinc donde el frío se frota,
en la Plaza de Mayo donde ronda la muerte trajeada de Mentira.
Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking,
vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga,
tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coraje, puños, viveza y elegancia.
Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado
en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.
Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo
saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,
no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.
La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,
ser argentino es estar triste,
ser argentino es estar lejos.
Y no decir: mañana,
porque ya basta con ser flojo ahora.
Tapándome la cara
(el poncho te lo dejo, folklorista infeliz)
me acuerdo de una estrella en pleno campo,
me acuerdo de un amanecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragante,
de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos
quemando un horizonte de bañados.
Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles
cubiertas de carteles peronistas, te quiero
sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,
nada más que de lejos y amargado y de noche.

lunes 14 de diciembre de 2009

Dexter (Series TV) Análisis sociologico del episodio The Getaway (Parte 2)

“La salida” sería una traducción posible para el neologismo que titula el último episodio de la cuarta temporada de la serie de televisión Dexter. Y precisamente de eso se trata, de encontrar esa puerta de salida, ese umbral a partir del cual salir del laberinto en que se encuentra atrapado Dexter Morgan, un laberinto sin salida entre sus condiciones de existencia y su doble naturaleza psicológica, entre quien quiere ser alguien “normal” y su propia Némesis, el oscuro pasajero que lo convierte en asesino serial.


De alguna manera el trágico y sorprendente final del episodio parece mostrar que no hay puerta de salida sino un umbral imposible de atravesar, como un círculo vicioso que condena a Dexter a volver una y otra vez al laberinto. Sin embargo, esta vez todo parece indicar que la puerta de salida no solo está cada vez más lejos de su alcance sino que se ha cerrado, quizás para siempre. No hay vuelta atrás. No hay ya situaciones límites sino una situación sin límites, irreversible, atroz, condenadamente insuperable. Asediado, acosado, confundido, atormentado, como un Sísifo que se esfuerza por llegar a la ansiada cima de su liberación, la pesada piedra que carga vuelve a rodar, una vez más, hacia abajo, arrastrándolo hacia una caída sin fin, y peor aún arrastrando hacia ese abismo a todos los que lo rodean y lo quieren bien.




Una cosa fue ver la caída de Brian, Lila, Miguel Prado, y otra muy distinta la que depara este final de temporada sobre el que no voy a decir ni una palabra porque hay que verlo y quien no lo vio no entendería de qué estoy hablando. El código, las reglas, el intento por dejarlas atrás o cambiarlas radicalmente, está colapsado; ¿hay una salida? O mejor dicho, ¿las únicas salidas son las que proponen Trinity o Harry? Dejar de ser o seguir siendo el mismo, ser o no ser diría Hamlet, y algo del drama shakesperiano hay en todo esto.

domingo 13 de diciembre de 2009

Dexter (Series TV) Análisis sociológico episodio The Getaway Parte 1


"Los hombres están tan necesariamente locos que sería estar loco, por otro giro de la locura, no estar loco" (Pascal)

"Sólo enfermando al vecino, es como uno se convence de su propia salud" (Dostoievsky)

“Se podría hacer una historia de los límites, de esos gestos oscuros, necesariamente olvidados desde que se realizan, por los cuales una cultura rechaza algo que será para ella lo Exterior; y a lo largo de toda su historia, ese vacío abierto, ese espacio en blanco por el que ella se aísla, la designa tanto como sus valores. Pues esos valores los recibe y los mantiene en la continuidad de la historia; pero en esta región de la que queremos hablar, ella hace sus elecciones esenciales, hace la escisión que le da el rostro de su positividad; allí encuentra el espesor original donde se forma. Preguntar a una cultura sobre sus experiencias-límite es preguntarle, en los confines de la historia, sobre un desgarramiento que es como el nacimiento mismo de su historia” (Michel Foucault)



Llegó el final de la espectacular cuarta temporada de la serie de televisión Dexter y en mi opinión la mejor serie del año y la mejor temporada de la serie mostrando que es posible hacer una producción televisiva transgresora y crítica que pone en tela de juicio todas las certezas y lugares comunes del discurso de la modernidad; sin golpes bajos, con un cuidado tratamiento de las imágenes, y unas soberbias actuaciones de su protagonista, Michael Hall, y de la genial estrella invitada de la temporada, John Lithgow.


Porque Dexter no es una serie sobre un asesino serial que busca sus víctimas entre asesinos que han burlado la ley y el orden, sino una aguda mirada sobre la condición humana que opera como el rayo en la noche resaltando la negrura en la que aparece y que de otra forma no vemos en toda su profundidad. Dexter es ese rayo y la sociedad en la que vivimos es esa negrura en la que estamos inmersos y más aún que nos constituye en tanto nudos de relaciones sociales sujetos a reglas, discursos, y dispositivos de normalización, disciplina, y control.


La serie nos muestra que el Oscuro Pasajero es una forma que puede asumir múltiples identidades y no una anomalía patológica inhumana sino, ni más ni menos, el síntoma de nuestra actualidad y lo que define nuestra humanidad. Herida de muerte la razón emerge la sin-razón como espíritu de un mundo sin espíritu.

Michel Foucault y las Ciencias Sociales

Ver texto completo de mi artículo “Sobre usos y aplicaciones del pensamiento de Michel Foucault en la investigación en Ciencias Sociales”, publicado en revista Discurso y Argentinidad, Año 2, Número 2, Buenos Aires, 2008, haciendo click AQUÍ.


Resumen

Los usos y aplicaciones del pensamiento de Michel Foucault a la investigación en Ciencias Sociales se han multiplicado en los últimos años tanto en lo que se refiere a las temáticas abordadas como a su carácter inter y transdisciplinario. Sin embargo, dado que su producción teórica se dio en el marco de un proceso de investigación que le llevó a continuas reformulaciones tanto conceptuales como teóricas y metodológicas, no resulta sencillo proceder a sus usos y aplicaciones en la investigación empírica en tanto, como él mismo recomendara, “caja de herramientas”.

Abstract

The uses and applications of Michel Foucault's thought to the investigation in Social Sciences have multiplied in the last years so much regarding the subject matters approached like to his character inter and transdisciplinary. Nevertheless, provided that his theoretical production was given in the frame of a process of research that took him to continuous both conceptual and theoretical and methodological reformulations, it does not turn out to be simple to proceed to his uses and applications in the empirical investigation while, since he itself was recommending, "tool box".

Palabras clave
Foucault – investigación – conceptos – metodología – ciencias sociales

Keywords
Foucault – investigation – concept – methodology – social sciences

sábado 12 de diciembre de 2009

Miguel de Unamuno: sobre la argentinidad


El término argentinidad es relativamente reciente, surge a principios del siglo XX, y quien lo enuncia por primera vez y lo instala como un problema y desarrolla su primera problematización no es un argentino sino un español, el filósofo Miguel de Unamuno; el momento histórico en que lo enuncia está marcado por un acontecimiento – la gran inmigración- y por una conmemoración –el Centenario de la Revolución de mayo- a partir de los cuales se produce una profunda reestructuración de las condiciones de dominación previamente existentes en la Argentina. El breve texto de Unamuno operará como iniciador del discurso sobre la argentinidad dentro del campo intelectual argentino dando lugar a la aparición de diversas problematizaciones que tendrán una incidencia legitimadora de prácticas estatales, decisiones políticas y administrativas, y prácticas discursivas científicas, religiosas, y filosóficas de orden biopolítico orientadas a argentinizar tanto a la población argentina como a la extranjera residente en el país. La argentinización requirió la reconfiguración de dispositivos de saber-poder preexistentes como la escuela, la salud pública, la política inmigratoria, el hospital, la literatura, y la aparición de nuevos dispositivos como el servicio militar obligatorio, la higiene pública, la penitenciaría y el hospital psiquiátrico, configurando una red argentinizadora que debía producir un crisol de razas.

Para leer y descargar el texto completo del artículo "Sobre la argentinidad" de Miguel de Unamuno, y mi texto "¿Qué es la argentinidad? haga click AQUÍ.

viernes 11 de diciembre de 2009

Michel Foucault: sistemas prácticos

Michel Foucault, ¿Qué es la Ilustración?, (fragmento).

Esto conduce al estudio de lo que pudiéramos llamar “los sistemas prácticos”. Se trata de tomar como dominio homogéneo de referencia, no las representaciones que los hombres se dan de sí mismos, ni tampoco las condiciones que los determinan sin que ellos lo sepan, sino aquello que hacen y la manera como lo hacen. Es decir, por una parte, las formas de racionalidad que organizan las maneras de hacer (lo que pudiéramos llamar su aspecto tecnológico [de los “sistemas prácticos”]) y, por otra parte, la libertad con la que actúan en esos sistemas prácticos, reaccionando a lo que hacen los otros y modificando, hasta cierto punto, las reglas del juego (esto es lo que pudiera llamarse la vertiente estratégica de esas prácticas). La homogeneidad de estos análisis histórico-críticos está por tanto asegurada por ese dominio de prácticas, con sus vertientes tecnológica y estratégica.

Estos sistemas prácticos provienen de tres grandes dominios: el de las relaciones de control sobre las cosas, el de las relaciones de acción sobre los otros y el de las relaciones consigo mismo. Esto no quiere decir que ellos sean tres dominios completamente extraños entre sí. Sabemos bien que el control sobre las cosas está mediado por las relaciones con los otros, lo que implica, a su vez, relaciones consigo mismo y viceversa. Pero se trata de tres ejes cuya especificidad e interconexiones hay que analizar: el eje del saber, el eje del poder y el eje de la ética. En otras palabras, la ontología histórica de nosotros mismos tiene que responder una serie abierta de preguntas; tiene por delante la faena de hacer un número no definido de indagaciones que se pueden multiplicar y precisar tanto como se quiera, mas respondiendo todas a la siguiente sistematización: cómo nos hemos constituido como sujetos de nuestro saber, cómo nos hemos constituido como sujetos que ejercemos o soportamos las relaciones de poder; cómo nos hemos constituido como sujetos morales de nuestras acciones.

Finalmente, estas indagaciones histórico-críticas son muy particulares, en el sentido de que ellas versan siempre sobre un material, una época, un cuerpo de prácticas y discursos determinados. Pero, al menos en la escala de las sociedades occidentales de las que provenimos, esas indagaciones poseen su generalidad, en el sentido de que han sido recurrentes hasta nuestros días. Ejemplo de ello son el problema de las relaciones entre razón y locura, o entre enfermedad y salud, o entre crimen y ley; el problema del lugar que hay que darle a las relaciones sexuales, etc.

Pero si evoco esta generalidad, no es para decir que habrá que reconstruirla en su continuidad meta-histórica a través del tiempo, ni tampoco seguir sus variaciones. Lo que hay que comprender es en qué medida lo que sabemos de esa generalidad, las formas de poder en ellas ejercidas y la experiencia que en ella tenemos de nosotros mismos no constituyen más que figuras históricas determinadas por una cierta forma de problematización que define objetos, reglas de acción y modos de relación consigo mismo. El estudio de [los modos de] problematización (es decir, de lo que no es ni constante antropológica ni variación cronológica) es, por tanto, la manera de analizar cuestiones de alcance general en su forma históricamente singular.

jueves 10 de diciembre de 2009

Fringe (SeriesTV): análisis

La audiencia de un programa de televisión, en este caso la serie Fringe, no es un conglomerado homogéneo de personas sino un complejo entramado de sujetos telespectadores que se estructuran en diversas posiciones espectatoriales. Una polémica se ha instalado entre los seguidores de la serie entre aquellos que prefieren los episodios denominados “autoconclusivos” y aquellos que quieren ver un serial en el que los episodios conforman partes sucesivas del desarrollo de la trama que consideran el eje argumental.

Fringe –en producción- ofrece ambas cosas a la vez y por lo tanto “en reconocimiento” aparece este conflicto de interpretaciones: la estructura de episodios autoconclusivos produce una posición espectatorial diferente –e incluso antagónica- con la estructura serial (al estilo LOST o DEXTER por ejemplo) lo que se explicaría por la necesidad de los productores de conciliar la audiencia norteamericana (típicamente construída para ver episodios autoconclusivos como lo muestra el éxito de CSI, Law&Order, The Mentalist, 30 Rock, por ejemplo) con la audiencia global (típicamente construída para ver episodios seriales).

Por ahora, parece que el efecto buscado no genera los resultados esperados aunque hay que tener en cuenta que lo que importa para el negocio de la industria cultural televisiva es lo que ocurre con los sujetos telespectadores norteamericanos ya que son ellos los destinatarios de los mensajes publicitarios que sostienen el producto Fringe, y en ese sentido las cifras aún no son concluyentes. Es cierto que la audiencia global también aporta lo suyo al negocio, y en sumas multimillonarias, pero la venta de DVD, merchandaising, y derechos de emisión, entre otros, sigue siendo un ingreso secundario al principal que tiene como contratendencia la posibilidad de bajar las series por P2P lo que significa una fuga considerable de ingresos.

Dicho esto creo haber encontrado una explicación adicional, de orden más artístico si se quiere, o en todo caso complementario para el caso singular de Fringe. Fuimos los telespectadores seriales los que en algún momento definimos que la serie era serial y que la trama de la serialidad tenía como eje argumental el misterio de la “realidad alterna” y no los productores. Fringe se vende como una serie de ciencia ficción emparentada a X-Files que siempre fue una serie autoconclusiva hasta que llegando a su finalización –y como prólogo para producir un filme cinematográfico- desarrolló la trama de la invasión extraterrestre; en el caso de Fringe hubo que esperar que avanzara la primera temporada para que emergiera la cuestión de la “realidad alterna”, pero el caso es similar.

Inicialmente, recuerden el primer episodio de Fringe, el argumento es expuesto por el agente Broyles cuando convence a Olivia Dunham de asociarse a la investigación de “acontecimientos singulares e inexplicables que hace años vienen sucediendo en el planeta y que parecen estar vinculados a una cierta lógica o “Patrón” (The Pattern)”.

Expuesto así en la propia diégesis queda claro que los episodios girarán en torno a esos “acontecimientos singulares” y precisamente eso es lo que se narra en los episodios autoconclusivos. ¿Tendrán finalmente esos casos autoconclusivos una clave de interpretación que los integre a la trama de la realidad alterna? Yo creo que sí, o por lo menos espero que así sea. Habrá que tener paciencia y esperar, o sencillamente cambiar de canal.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Series de televisión: balance 2009

Se cierra el año 2009 y corresponde hacer un balance sobre la performance de las series de televisión emitidas en un año caracterizado por grandes fracasos de audiencia y sumamente irregular en cuanto a la calidad estética de las producciones. He aquí mi balance personal:

Mejor Serie: Dexter

Mejor Temporada: Dexter (cuarta temporada)

Mejor Miniserie: The Prisoner

Mejor Episodio: The Incident (Lost)

Mejor Guión de Episodio: There's More Than One of Everything (Fringe)

Mejor Guión Miniserie: The Prisoner

Mejor Episodio Piloto (Pre-air): Rebirth (Caprica)

Mejor Actor: Michael Hall (Dexter)

Mejor Actriz: Rose Byrne (Damages)

Mejor Actor Invitado: John Lithgow (Dexter)

Peor Serie: Flashforward

Peor Guión: V Invasión Extraterrestre

Peor Telefilm: BSG - The Plan

Peor Fiasco: Lie to Me

martes 8 de diciembre de 2009

Michel Foucault: Problematizations (2)

This interview took place in order for Foucault to answer questions frequently asked by American audiences. It was conducted by Paul Rabinow in May 1984, just before Foucault’s death. Translation by Lydia Davis, volume 1 “Ethics” of “Essential Works of Foucault”, The New Press 1997.


Paul Rabinow: You have been read as an idealist, as a nihilist, as a “new philosopher”, an anti-Marxist, a new conservative, and so on…Where do you stand?

Michel Foucault: I think I have in fact been situated in most of the squares on the political checkerboard, one after another and sometimes simultaneously: as anarchist, leftist, ostentatious or disguised Marxist, nihilist, explicit or secret anti-Marxist, technocrat in the service of Gaullism, new liberal and so on. An American professor complained that a crypto-Marxist like me was invited in the USA, and I was denounced by the press in Eastern European countries for being an accomplice of the dissidents. None of these descriptions is important by itself; taken together, on the other hand, they mean something. And I must admit that I rather like what they mean.

It’s true that I prefer not to identify myself, and I’m amused by the diversity of the ways I’ve been judged and classified. Something tells me that by now a more or less approximate place should have been found for me, after so many efforts in such various directions; and since I obviously can’t suspect the competence of the people who are getting muddled up in their divergent judgments, since it isn’t possible to challenge their inattention or their prejudices, I have to be convinced that their inability to situate me has something to do with me.

And no doubt fundamentally it concerns my way of approaching political questions. It is true that my attitude isn’t a result of the form of critique that claims to be a methodical examination in order to reject all possible solutions except for the one valid one. It is more on the order of “problematization”—which is to say, the development of a domain of acts, practices, and thoughts that seem to me to pose problem for politics. For example, I don’t think that in regard to madness and mental illness there is any “politics” that can contain the just and definitive solution. But I think that in madness, in derangement, in behavior problems, there are reasons for questioning politics; and politics must answer these questions, but it never answers them completely. The same is true for crime and punishment: naturally, it would be wrong to imagine that politics have nothing to do with the prevention and punishment of crime, and therefore nothing to do with a certain number of elements that modify its form, its meaning, its frequency; but it would be just as wrong to think that there is a political formula likely to resolve the question of crime and put an end to it. The same is true of sexuality: it doesn’t exist apart from a relationship to political structures, requirements, laws, and regulations that have a primary importance for it; and yet one can’t expect politics to provide the forms in which sexuality would cease to be a problem.

It is a question, then, of thinking about the relations of these different experiences to politics, which doesn’t mean that one will seek in politics the main constituent of these experiences or the solution that will definitively settle their fate. The problems that experiences like these pose to politics have to be elaborated. But it is also necessary to determine what “posing a problem” to politics really means. Richard Rorty points out that in these analyses I do not appeal to any “we”—to any of those “wes” whose consensus, whose values, whose traditions constitute the framework for a thought and define the conditions in which it can be validated. But the problem is, precisely, to decide if it is actually suitable to place oneself within a “we” in order to assert the principles one recognizes and the values one accepts; or if it is not, rather, necessary to make the future formation of a “we” possible by elaborating the question. Because it seems to me that “we” must not be previous to the question; it can only be the result—and the necessary temporary result—of the question as it is posed in the new terms in which one formulates it. For example, I’m not sure that at the time when I wrote the history of madness, there was a preexisting and receptive “we” to which I would only have had to refer in order to write my book, and of which this book would have been the spontaneous expression. Laing, Cooper, Basaglia, and I had no community, nor any relationship; but the problem posed itself to those who had read us, as it also posed itself to some of us, of seeing if it were possible to establish a “we” on the basis of the work that had been done, a “we” that would also be likely to form a community of action.

I have never tried to analyze anything whatsoever from the point of view of politics, but always to ask politics what it had to say about the problems with which it was confronted. I question it about the positions it takes and the reasons it gives for this; I don’t ask it to determine the theory of what I do. I am neither an adversary nor a partisan of Marxism; I question it about what it has to say about experiences that ask questions of it.

As for the events of May 1968, it seems to me they depend on another problematic. I wasn’t in France at that time; I only returned several months later. And it seemed to me one could recognize completely contradictory elements in it: on the one hand, an effort, which was very widely asserted, to ask politics a whole series of questions that were not traditionally a part of its statutory domain (questions about women, about relations between the sexes, about medicine, about mental illness, about environment, about minorities, about delinquency); and, on the other hand, a desire to rewrite all these problems in the vocabulary of a theory that was derived more or less directly from Marxism. But the process that was evident at that time led not to taking over the problems posed by the Marxist doctrine but, on the contrary, to a more and more manifest powerlessness on the part of Marxism to confront these problems. So that one found oneself faced with interrogations that were addressed to politics but had not themselves sprung from a political doctrine. From this point of view, such a liberation of the act of questioning seemed to me to have played a positive role: now there was a plurality of questions posed to politics rather than the reinscription of the act of questioning in the framework of a political doctrine.

lunes 7 de diciembre de 2009

Gilles Deleuze: topos y serpientes

“El viejo topo monetario es el animal de los centros de encierro, mientras que la serpiente monetaria es el de las sociedades de control. Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente, tanto en el régimen en el que vivimos como en nuestra manera de vivir y en nuestras relaciones con los demás. El hombre de la disciplina era un productor discontinuo de energía, pero el hombre del control es más bien ondulatorio, permanece en órbita, suspendido sobre una onda continua” (Gilles Deleuze, Posdata sobre las sociedades de control)

domingo 6 de diciembre de 2009

Michel Foucault: Problematizations (1)

This interview took place in order for Foucault to answer questions frequently asked by American audiences. It was conducted by Paul Rabinow in May 1984, just before Foucault’s death. Translation by Lydia Davis, volume 1 “Ethics” of “Essential Works of Foucault”, The New Press 1997.


Paul Rabinow: Why is it that you don’t engage in polemics?

Michel Foucault: I like discussions, and when I am asked questions, I try to answer them. It’s true that I don’t like to get involved in polemics. If I open a book and see that the author is accusing an adversary of “infantile leftism” I shut it again right away. That’s not my way of doing things; I don’t belong to the world of people who do things that way. I insist on this difference as something essential: a whole morality is at stake, the one that concerns the search for truth and the relation to the other.

In the serious play of questions and answers, in the work of reciprocal elucidation, the rights of each person are in some sense immanent in the discussion. They depend only on the dialogue situation. The person asking the questions is merely exercising the right that has been given him: to remain unconvinced, to perceive a contradiction, to require more information, to emphasize different postulates, to point out faulty reasoning, and so on. As for the person answering the questions, he too exercises a right that does not go beyond the discussion itself; by the logic of his own discourse, he is tied to what he has said earlier, and by the acceptance of dialogue he is tied to the questioning of other. Questions and answers depend on a game—a game that is at once pleasant and difficult—in which each of the two partners takes pains to use only the rights given him by the other and by the accepted form of dialogue.

The polemicist, on the other hand, proceeds encased in privileges that he possesses in advance and will never agree to question. On principle, he possesses rights authorizing him to wage war and making that struggle a just undertaking; the person he confronts is not a partner in search for the truth but an adversary, an enemy who is wrong, who is armful, and whose very existence constitutes a threat. For him, then the game consists not of recognizing this person as a subject having the right to speak but of abolishing him as interlocutor, from any possible dialogue; and his final objective will be not to come as close as possible to a difficult truth but to bring about the triumph of the just cause he has been manifestly upholding from the beginning. The polemicist relies on a legitimacy that his adversary is by definition denied.

Perhaps, someday, a long history will have to be written of polemics, polemics as a parasitic figure on discussion and an obstacle to the search for the truth. Very schematically, it seems to me that today we can recognize the presence in polemics of three models: the religious model, the judiciary model, and the political model. As in heresiology, polemics sets itself the task of determining the intangible point of dogma, the fundamental and necessary principle that the adversary has neglected, ignored or transgressed; and it denounces this negligence as a moral failing; at the root of the error, it finds passion, desire, interest, a whole series of weaknesses and inadmissible attachments that establish it as culpable. As in judiciary practice, polemics allows for no possibility of an equal discussion: it examines a case; it isn’t dealing with an interlocutor, it is processing a suspect; it collects the proofs of his guilt, designates the infraction he has committed, and pronounces the verdict and sentences him. In any case, what we have here is not on the order of a shared investigation; the polemicist tells the truth in the form of his judgment and by virtue of the authority he has conferred on himself. But it is the political model that is the most powerful today. Polemics defines alliances, recruits partisans, unites interests or opinions, represents a party; it establishes the other as an enemy, an upholder of opposed interests against which one must fight until the moment this enemy is defeated and either surrenders or disappears.

Of course, the reactivation, in polemics, of these political, judiciary, or religious practices is nothing more than theater. One gesticulates: anathemas, excommunications, condemnations, battles, victories, and defeats are no more than ways of speaking, after all. And yet, in the order of discourse, they are also ways of acting which are not without consequence. There are the sterilizing effects. Has anyone ever seen a new idea come out of a polemic? And how could it be otherwise, given that here the interlocutors are incited not to advance, not to take more and more risks in what they say, but to fall back continually on the rights that they claim, on their legitimacy, which they must defend, and on the affirmation of their innocence? There is something even more serious here: in this comedy, one mimics war, battles, annihilations, or unconditional surrenders, putting forward as much of one’s killer instinct as possible. But it is really dangerous to make anyone believe that he can gain access to the truth by such paths and thus to validate, even if in a merely symbolic form, the real political practices that could be warranted by it. Let us imagine, for a moment, that a magic wand is waved and one of the two adversaries in a polemic is given the ability to exercise all the power he likes over the other. One doesn’t even have to imagine it: one has only to look at what happened during the debate in the USSR over linguistics or genetics not long ago. Were these merely aberrant deviations from what was supposed to be the correct discussion? Not at all—they were the real consequences of a polemic attitude whose effects ordinarily remain suspended.

sábado 5 de diciembre de 2009

Perón, el Primer Trabajador

¿Cómo llegó Juan Domingo Perón a ser reconocido como el Primer Trabajador? La pregunta no apunta a lo meramente anecdótico sino a la importancia decisiva que tuvo este título para que el peronismo y el propio Perón fueran tal como fueron, y por tanto, que la Argentina tuviera la historia que tuvo. El título de Primer Trabajador Perón se lo debe al Coronel Domingo Mercante y a José Domenech, y a través de ellos al Sindicato Unión Ferroviaria.
Mercante, cuyo padre era ferroviario, fue designado por el gobierno militar de Ramírez como Interventor en el gremio relacionándolo con su líder histórico, José Domenech, un socialista que había sido Secretario General de una de las dos CGT que existían previamente. Mercante llevó a Domenech a entrevistarse con Perón en el Departamento Nacional del Trabajo y a partir de ese encuentro establecieron relaciones políticas y personales entre ellos. Los trabajadores no vieron con buenos ojos estas relaciones entre su líder sindical y el gobierno de facto, desconfiaban de Perón y los militares y cuestionaban este estrecho acercamiento.
Será entonces que Domenech le propondrá a Perón que participe de asambleas sindicales para convencer a los trabajadores de sus buenas intenciones hacia el movimiento obrero. La primera asamblea obrera en la que participó Perón se realizó en Rosario el 9 de diciembre de 1943 y en ella Domenech presentó al Coronel como “el Primer Trabajador de la Argentina”, el resto lo hizo Perón con su retórica convincente y su política laboral. Será a fines de 1945, 17 de octubre mediante, que la importancia de este título adquiriría una relevancia crucial para el futuro de la Argentina y sus trabajadores. Convocadas las elecciones generales para febrero de 1946 el movimiento obrero decide la creación de un partido político propio, el Partido Laborista, que tenía una fuerte definición de independencia de clase a tal punto que sus estatutos exigían que para ser afiliado era excluyente la condición de obrero. Domenech y los líderes sindicales que apoyaban la candidatura presidencial de Perón por el laborismo debían afrontar entonces el problema de que su candidato ni siquiera cumplía el requisito de ser afiliado al partido. En una tumultuosa asamblea laborista y luego de enconadas resistencias, Domenech presentó la moción de aceptar la afiliación de Perón alegando que los trabajadores lo habían reconocido como “el Primer Trabajador” en esa ignota asamblea de diciembre de 1943. En reñida votación la mayoría aceptó entonces la afiliación de Perón y por consiguiente lo habilitó a ser candidato presidencial del Partido, decisión que permitió el triunfo de la fórmula Perón-Quijano en las elecciones de 1946 y abrió una nueva época en la historia argentina.
Luego de las elecciones Perón disolvió el Partido Laborista y desterró al exilio político a Domenech y a casi todos los dirigentes sindicales “de la primera hora”. Su título de Primer Trabajador no fue entonces una anécdota sino un acontecimiento aunque nadie recuerde ya quienes fueron aquellos obreros que en Rosario, sin saberlo, ayudaron decisivamente a llevarlo al poder. Finalmente, esta parte de la historia culminará en 1953 cuando a instancias de Perón el coronel Mercante fue expulsado del partido peronista por traidor. Solo podía existir un único “primer trabajador” y una única versión del peronismo, y por lo tanto un único origen del peronismo, el que quedó reflejado en la mítica “Marcha Peronista”. Perón se había inventado a sí mismo y para lograrlo había que desterrar de la historia peronista a todos aquellos que habían sido co-partícipes necesarios de esa invención.

viernes 4 de diciembre de 2009

Systèmes pratiques

Homogénéité. Ce qui mène à l'étude de ce qu'on pourrait appeler les « ensembles pratiques ». Il s'agit de prendre comme domaine homogène de référence non pas les représentations que les hommes se donnent d'eux‑mêmes, non pas les conditions qui les déterminent sans qu'ils le sachent. Mais ce qu'ils font et la façon dont ils le font. C'est‑à‑dire les formes de rationalité qui organisent les manières de faire (ce qu'on pourrait appeler leur aspect technologique); et la liberté avec laquelle ils agissent dans ces systèmes pratiques, réagissant à ce que font les autres, modifiant jusqu'à un certain point les règles du jeu (c'est ce qu'on pourrait appeler le versant stratégique de ces pratiques). L'homogénéité de ces analyses historico‑critiques est donc assurée par ce domaine des pratiques avec leur versant technologique et leur versant stratégique.

Systématicité. Ces ensembles pratiques relèvent de trois grands domaines : celui des rapports de maîtrise sur les choses, celui des rapports d'action sur les autres, celui des rapports à soi‑même. Cela ne veut pas dire que ce sont là trois domaines complètement étrangers les uns aux autres. On sait bien que la maîtrise sur les choses passe par le rapport aux autres; et celui‑ci implique toujours des relations à soi; et inversement. Mais il s'agit de trois axes dont il faut analyser la spécificité et l'intrication : l'axe du savoir, l'axe du pouvoir, l'axe de l'éthique. En d'autres termes, l'ontologie historique de nous‑mêmes a à répondre à une série ouverte de questions, elle a affaire à un nombre non défini d'enquêtes qu'on peut multiplier et préciser autant qu'on voudra; mais elles répondront toutes à la systématisation suivante : comment nous sommes‑nous constitués comme sujets de notre savoir; comment nous sommes‑nous constitués comme sujets qui exercent ou subissent des relations de pouvoir; comment nous sommes‑nous constitués comme sujets moraux de nos actions.

Généralité. Enfin, ces enquêtes historico‑critiques sont bien particulières en ce sens qu'elles portent toujours sur un matériel, une époque, un corps de pratiques et de discours déterminés. Mais, au moins à l'échelle des sociétés occidentales dont nous dérivons, elles ont leur généralité : en ce sens que jusqu'à nous elles ont été récurrentes; ainsi le problème des rapports entre raison et folie, ou maladie et santé, ou crime et loi; le problème de la place à donner aux rapports sexuels, etc.

Mais, si j'évoque cette généralité, ce n'est pas pour dire qu'il faut la retracer dans sa continuité métahistorique à travers le temps, ni non plus suivre ses variations. Ce qu'il faut saisir c'est dans quelle mesure ce que nous en savons, les formes de pouvoir qui s’y exercent et l'expérience que nous y faisons de nous‑mêmes ne constituent que des figures historiques déterminées par une certaine forme de problématisation qui définit des objets, des règles d'action, des modes de rapport à soi. L'étude des (modes de) problématisations (c'est‑à‑dire de ce qui n'est ni constante anthropologique ni variation chronologique) est donc la façon d'analyser, dans leur forme historiquement singulière, des questions à portée générale.

jueves 3 de diciembre de 2009

Michel Foucault: I am an experimenter

“Do not ask me who I am, and do not ask me to remain the same. More than one person, doubtless like me, writes in order to have no face. I don't feel that it is necessary to know exactly what I am. The main interest in life and work is to become someone else that you were not in the beginning. I am an experimenter and not a theorist. I call a theorist someone who constructs a general system either deductive or analytical, and applies it to different fields in a uniform way. This isn't my case. I am an experimenter in the sense that I write in order to change myself and in order not to think the same thing as before”.

martes 1 de diciembre de 2009

Lost (Series TV): el día de la marmota


1. Sísifo, dentro de la mitología griega, como Prometeo, hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia y arrogancia. Se burlaba de los dioses y de los hombres utilizando el engaño y hasta se decía que había logrado burlar a la muerte haciéndose inmortal. Como castigo, fue condenado a perder la vista y empujar perpetuamente una roca gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, y así indefinidamente. El genial escritor existencialista Albert Camus escribió un ensayo con el título de “El mito de Sísifo” como metáfora para describir las miserias de la vida humana moderna en las que los individuos están condenados a vivir vidas sujetadas a la fábrica, a las costumbres, y a las banalidades que impone la vida burguesa. Otras interpretaciones plantean que se trata de una metáfora para señalar los límites de la experiencia humana y la condición de sujetos-sujetados que nos aprisiona a un eterno retorno de las cosas imposible de cambiar.
2. “Groundhog Day” (“El día de la marmota”) es una comedia fantástica protagonizada por Bill Murray y Andie MacDowell, estrenada en 1993 en el cine, que cuenta la historia de un hombre condenado a vivir una y otra vez un día de su vida con la siguiente particularidad: por más que intente cambiar el curso de los acontecimientos que se repiten durante ese día el resultado siempre es el mismo. La película ha sido asociada al mito de Sísifo. Sin embargo, en la película, el protagonista se da cuenta que la única manera de romper el maleficio es dejar de intentar cambiar a los otros y dedicarse a cambiar él mismo aprendiendo de los demás.
3. “El día de la marmota” es una fiesta tradicional que se celebra todos los días 2 de febrero en los campos de Pennsylvania y que se remonta a una vieja leyenda rural europea. Teniendo en cuenta que la marmota es un animalito que hiberna durante el invierno se supone que el día que se despierta anuncia el fin de la temporada fría y por lo tanto el momento exacto en que hay que comenzar el cultivo de la tierra.
4. El próximo 2 de febrero de 2010 comenzará a emitirse en Estados Unidos la sexta y última temporada de la serie de televisión LOST y los productores han anunciado públicamente que la coincidencia no es casual sino una decisión que han tomado y cuyas razones han dejado libradas a la interpretación de los seguidores de la serie. Es una clave que nos dan, como han hecho decenas de veces con anterioridad, para interpretar la trama de la serie y entender su lógica, que en este caso particular cobra mayor relevancia porque apunta al desenlace de la historia. ¿Cómo interpreto esta curiosa y original forma de enlazar la realidad con la ficción (de la serie, del mito, y de la costumbre tradicional)?
5. Primera interpretación. Todas las especulaciones que durante los últimos meses estuvimos haciendo los seguidores de la serie observando e interpretando escenas de la filmación se parecen a los granjeros esperando que la marmota les diga qué es lo que va a suceder, y todas esas interpretaciones están erradas. Ni mundo paralelo, ni línea de tiempo alterna, ni nueva historia dentro de la historia, ni ninguna otra teoría de las que andan circulando. ¿De qué se trata entonces? De modificar el modo de narrar la historia al que estamos acostumbrados de modo tal de hacernos despertar y ver lo que realmente está pasando en la ficción deconstruyendo nuestra arrogante pretensión de encontrar en la filmación (“lo real”) de escenas fragmentadas una lógica racional a partir de la cual deducir lo que mostrará la ficción. Lo “real” adquiere entonces un carácter ficcional al ser interpretado en función de un orden que suponemos implícito entre las palabras, las imágenes y las cosas. ¿Qué nos van a mostrar en los primeros seis episodios? Que, como Sísifo o como Bill Murray, el problema de Némesis es intentar cambiar las cosas en su propio beneficio personal sin importarle lo que ocurra con aquellos a los que manipula, y que a pesar de sus esfuerzos y de los cambios que pueda producir todo vuelve a suceder una y otra vez. En otras palabras, “lo que pasó, pasó”, y no hay modo de que no ocurra. Lo que nos lleva a Desmond. Él puede ver el futuro de Charlie (su muerte) y se da cuenta que haga lo que haga ese futuro no va cambiar pero lo que sí puede hacer es que ocurra de tal manera que cambie el curso de la vida de sus compañeros. Lo mismo que nos enseña y aprende Bill Murray en la película y que le sirve para romper el hechizo.