
Con una Gala deslucida en la que las tan anunciadas novedades quedaron en el boulevard de los sueños rotos; en la que nuevamente se volvió a cometer el error de estirar la entrada de los participantes a la Casa consumiendo en ello todo el programa; en que extrañamente se notó bastante confundido y desorientado a Jorge Rial (“efecto cucaracha”); en la que Silvina Luna hizo de “potus”; y en la que solo se destacó una vez más –por el lado de los conductores- el oficio, experiencia y profesionalismo de Mariano Peluffo; comenzó la edición Número 6 de Gran Hermano Argentina a la que se tituló “2011” aunque haya comenzado en 2010. La única novedad –en Producción- que este año presenta el formato consiste en que por primera vez se asocia la emisión de TV –aire y cable- con diversas plataformas digitales y redes sociales, incluyendo la administración de un foro propio en Internet y la emisión “24x24” desde el propio sitio oficial de Telefe. La novedad es significativa porque se reconoce que lo que genera las condiciones de posibilidad para una audiencia de masas por TV de aire está íntimamente relacionado con la “movida” que se arma en Internet, y porque de esta manera el circuito producción-consumo opera en forma ampliada tanto a nivel de recepción como del negocio publicitario asociado al programa.
El formato Gran Hermano en Argentina, comparado con los que se producen en otros países, es “gasolero”; esto quiere decir que todo lo que pueda ocurrir (o no ocurrir) durante el juego dependerá casi exclusivamente de los participantes y del núcleo duro de la audiencia de nativos digitales, y desde luego de que entre ambos grupos se logre conformar una red de significaciones cuya forma sea la del “conflicto de interpretaciones”: conflicto de interpretaciones entre los participantes, entre los que componen la audiencia de nativos digitales, y entre los que están encerrados dentro y fuera de la Casa. Y tendrán que trabajar mucho porque el rating, si bien no fue catastrófico, estuvo muy por debajo de la expectativa que supuestamente se había generado: 23.9 puntos promedio. Tendrán que “remar” y mucho los nuevos “hermanitos” pero más aún la Producción que en casi todos los aspectos quedó en deuda con todos.
El formato Gran Hermano en Argentina, comparado con los que se producen en otros países, es “gasolero”; esto quiere decir que todo lo que pueda ocurrir (o no ocurrir) durante el juego dependerá casi exclusivamente de los participantes y del núcleo duro de la audiencia de nativos digitales, y desde luego de que entre ambos grupos se logre conformar una red de significaciones cuya forma sea la del “conflicto de interpretaciones”: conflicto de interpretaciones entre los participantes, entre los que componen la audiencia de nativos digitales, y entre los que están encerrados dentro y fuera de la Casa. Y tendrán que trabajar mucho porque el rating, si bien no fue catastrófico, estuvo muy por debajo de la expectativa que supuestamente se había generado: 23.9 puntos promedio. Tendrán que “remar” y mucho los nuevos “hermanitos” pero más aún la Producción que en casi todos los aspectos quedó en deuda con todos.
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