
La segunda emisión del programa de televisión "Gran Hermano: El Debate" nuevamente demostró que lo que ocurre dentro de la Casa no es una anomalía o una desviación a la regla social sino que expresa -de distintas maneras individuales- lo que se dice, hace o piensa en la sociedad argentina actual. El tema fue la discriminación que padece la participante Tamara (joven jujeña de doble pertenencia cultural provinciana e indígena) por parte del grupo de mujeres participantes auto-calificadas como "normales" (y de los hombres con su indiferencia total) que la consideran "tontita", "boluda", "simuladora", "perra" y otros calificativos denigrantes mas o menos similares. Hasta aquí el típico racismo de clase que atraviesa -hoy más que nunca- a la sociedad argentina.
¿Cómo abordaron el tema los panelistas de El Debate? Primero lo calificaron como "cosa de minitas" (panelista femenina) y el clásico "Vieron como son las mujeres" (panelistas masculinos); luego como un caso entendible de relativismo cultural, es decir, "cada quien tiene derecho a pensar y vivir como quiera, todo es válido, cada cual es como es" pero remarcando que Tamara es "distinta", "tiene otro sistema operativo" (?), etc. Finalmente, Mariano Peluffo (ante la crudeza de las imágenes que mostraban la discriminación) arriesgó un "Te banco Tamara" y un tibio Tartúfoli lanzó "casi la están discriminando a esta chica".
Está claro que cada quien tiene la libertad y el derecho de pensar, hacer y decir lo que quiera y vivir como se le venga en gana, pero a condición de que ese modo y forma de vivir no se fundamente a expensas de la estigmatización, opresión, discriminación o sufrimiento de otra persona o grupos de personas, y mucho menos aún cuando esa práctica es ejercida por muchos contra uno solo en nombre de la "mayoría". Por otra parte, decir que "es cosa de mujeres" muestra un machismo alarmante que, por cierto, tampoco es novedad en nuestra sociedad.
La Casa no está dividida entre hombres/mujeres o entre porteños/provincianos; está dividida en el grupo mayoritario que se considera a sí mismo como "lindo, limpio y bueno" y estigmatiza al grupo minoritario como "feo, sucio y malo" (Jessica, Tamara, Luz, Alejandro). La Casa de Gran Hermano está dividida como lo está hoy la gran Casa que llamamos Argentina en la que los niveles de discriminación hacia el Otro, aunque se vistan de relativismo cultural o estereotipos de género, constituyen el gran debate político que lamentablemente El Debate escamoteó.
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