
"Una de las características esenciales de la biopolítica moderna es su necesidad de volver a definir en cada momento el umbral que articula y separa lo que está dentro y lo que está fuera de la vida. Se trata de una línea movediza que debe ser modificada incesantemente para definir y redefinir las articulaciones y los umbrales que permiten aislar la vida digna de la indigna, el Zoe del Bios, la vida natural de la forma-de-vida, los derechos del hombre de los derechos del ciudadano" (Giorgio Agamben).
El "asentamiento" es aquel lugar ubicado precisamente en el umbral de la biopolítica de la argentinidad en el que el Estado aplica como criterio para el ejercicio del poder soberano la consigna "Hacer vivir y dejar morir" en nombre de los "derechos humanos". El "asentamiento" se convierte en superficie de emergencia del legado de la dictadura militar que luego de 27 años de régimen democrático todavía la sociedad argentina lleva inscripta en su cuerpo social y en nuestros cuerpos de argentinos. Se trata de un legado de exclusión y marginalidad creciente que es expulsado del "nosotros" para convertirse en el "Otro" absoluto, vidas que no merecen ser vividas, "vidas desperdiciadas", vidas de no-argentinos porque "no trabajan", "no tienen modales", "no tienen cultura", no tienen, en palabras de Agamben una "forma-de-vida" adaptada y adaptable a la lógica de la argentinidad. Como tales han sido expropiados de todos sus derechos y por lo tanto son pasibles de la inacción del Estado que los deja morir en nombre de "los derechos humanos" y de los que los hacen morir que son los que se autodenominan "argentinos verdaderos" también en nombre de los "derechos humanos". Y, a la vez, precisamente en el día en que se conmemora el "Día de la democracia y los derechos humanos" se crea el Ministerio de Seguridad y el gobierno nacional reconoce que hay "inseguridad". Inseguridad es no tener dónde vivir, ni qué comer, ni con qué vestirse. Inseguridad es ser objeto de punteros políticos y sus grupos paramilitares de choque (los "barras bravas"), del narcotráfico y los traficantes de la pobreza, de la violencia sin fin de los aparatos represivos y las fuerzas de seguridad del Estado, de existir en el umbral entre la vida digna y la vida indigna de ser vivida y que por lo tanto puede ser asesinada sin cometer homicidio. Inseguridad es ser prenda de cambio de internas políticas y de políticas sociales que solo "hacen vivir" en función de convertir a sus beneficiados en puntos de apoyo de una forma de ejercicio del poder. Inseguridad es, en última instancia, vivir en un estado de excepción cuyo contenido puede ser un régimen democrático pero cuya forma biopolítica es la de la dictadura militar. Lo que sobra en la Argentina son fuerzas de seguridad y dispositivos de seguridad, lo que falta es comprender que seguimos viviendo en la matriz societal de un neoliberalismo que nos atraviesa y al que ya no reconocemos como tal y que la militarización de la vida social es la forma-de-vida en la que estamos inscriptos y cuyo modo de existencia emerge en el "asentamiento".
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