viernes, 29 de abril de 2011

Fans. De la Antigua Roma a la Convergencia Digital

La arqueología del término fan nos remite a un discurso que define ciertas prácticas constitutivas de un tipo particular de sujeto y que en diferentes momentos históricos va cambiando su configuración a partir de múltiples dispersiones discursivas. Para los romanos fanaticus designaba tanto al vigilante nocturno de un fanum, es decir, del santuario en el que se rendía culto a una de las tantas divinidades que conformaban su panteón religioso como al adepto exclusivo de un culto determinado.

A partir del Siglo I, surge una primera dispersión que deriva de fanor o fanari que sería aquel sujeto que practica un culto religioso de forma exaltada y poseída de un fervor frenético y delirante. Sucesivas dispersiones que se vinculan con la diferencia que realiza la Iglesia Católica entre el “creyente” y el “hereje” acentuarán las adjetivaciones estigmatizadoras haciendo que el fanático se asocie a la veneración de falsos dioses. Ya en la Edad Media, hacia los años 1350 y 1400 en Inglaterra, aparece una acepción diferente del término fan que surge de la variante sincopada de “fan (t) sy” que remite a las palabras fantasie y fantasy del que deriva fancy.

El término fancy tiene múltiples significados que indican maneras de hacer cotidianas que son calificadas como extravagantes y que generan actitudes de fascinación, antojo o capricho con una forma de vestir o comer, una adoración o veneración por una persona, una obra literaria, o una narración que se consideran producto de la imaginación o la fantasía del objeto de culto o del sujeto que lo practica, o ambas cosas a la vez.

En la actualidad los fans se han convertido en los principales protagonistas de la sociedad de consumidores y del espectáculo, y de la convergencia digital.