
El concepto de experiencia ocupa un lugar central en los Estudios Culturales y está en el centro de la polémica que divide a culturalistas y estructuralistas. Entre unos y otros se puede ubicar el trabajo de Michel Foucault que afirma la autonomía absoluta de las prácticas, su necesaria heterogeneidad y su no-necesaria correspondencia, descentrando la experiencia fuera de todo análisis que no sea el de las formaciones discursivas particulares y de los espacios concretos de su elaboración sosteniendo el carácter histórico y concreto de las mismas.
Michel Foucault usa indistintamente los términos experiencia, forma de experiencia y foco de experiencia para referirse a la correlación entre campos de saber, matrices normativas de comportamiento y modos de existencia virtuales para sujetos posibles, que constituirían sus estructuras constituyentes. De modo tal que toda experiencia sería históricamente singular y produciría efectos performativos sobre nuestras prácticas al instaurar reglas, racionalidades y regularidades de carácter sistemático y recurrente que definirían cómo somos y cómo llegamos a ser como somos al establecer nuestras maneras de decir, hacer y conducirnos. En el presente trabajo se examina el aporte de Michel Foucault, sus divergencias y puntos de contacto con los paradigmas dominantes y sus posibles aplicaciones a la investigación en campo de la sociología de la cultura.
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