
Un aporte para pensar problemas de nuestra actualidad y problematizar los abordajes actuales sobre los efectos preformativos sobre la subjetividad de la convergencia digital, televisión, Internet y las nuevas tecnologías de comunicación e información desde una perspectiva sociológica.

“Nada hay más arduo que reflejar la banalidad de la realidad. Ese es el problema con el que se topan los sociólogos: hacer extraordinario lo cotidiano, evocarlo de forma que la gente vea hasta qué punto se sale de lo corriente. La imagen posee la particularidad de producir lo que los críticos literarios llaman el efecto de realidad, puede mostrar y hacer creer lo que muestra. Este poder de evocación es capaz de provocar fenómenos de movilización social. Puede dar vida a ideas o representaciones, así como a grupos… implica siempre una elaboración social de la realidad capaz de provocar la movilización (o desmovilización) social… producir efectos de realidad y efectos en la realidad. De este modo, la televisión que pretende ser un instrumento que refleja la realidad, acaba convirtiéndose en instrumento que crea una realidad. Vamos cada vez más hacia universos en que el mundo social está descrito-prescrito por la televisión. La televisión se convierte en el árbitro del acceso a la existencia social y política” (Pierre Bourdieu, Sobre la televisión, 2005, pp. 27-28).
"…el panóptico –el mayor instrumento destinado a mantener a la gente junta en lo que se ha denominado ‘sociedad’- ha sido reemplazado gradualmente por el sinóptico: en vez de unos pocos que observan a muchos, ahora son muchos los que observan a unos pocos. La mayoría no tiene más alternativa que mirar: al carecer de fuentes de instrucción en cuanto a las virtudes públicas, buscan motivación para los esfuerzos vitales tan solo en los ejemplos disponibles de hazañas privadas y sus recompensas. Y por eso miran voluntariamente, con entusiasmo, y exigen en voz alta y claramente que haya más cosas similares para ver… Los grandes y famosos (grandes por famosos) ya no aspiran al poder pastoral y, por lo tanto, ya no ofrecen instrucción sobre las virtudes públicas; el último servicio que pueden prestar a sus antiguos fieles es exhibir sus propias vidas como objeto de admiración, pero también como objeto de aspiración y de imitación. El sinóptico refleja el acto de desaparición de lo público, la invasión de la esfera pública por la privada, su conquista, su ocupación y su gradual pero incesante colonización” (Zygmunt Bauman, En busca de la política, 2001, pp. 79-80).
“Tal como señalara Pierre Bourdieu hace casi veinte años, la fabricación de nuevos deseos desempeña ahora la función que antes cumplía la regulación normativa, de manera que la publicidad y los avisos comerciales ocupan el lugar que antes solían ocupar la ley y el orden. La promesa de sensaciones placenteras e inexploradas desencadena el deseo, la oferta de objetos que producen ricas sensaciones precede, por lo general, la aparición del deseo, de tal modo que este está desde el principio, dirigido hacia un objeto. Por lo tanto, el actual código de elección genera un agente cuya habilidad principal consiste en identificar la promesa de sensaciones placenteras y en seguir luego las señales y los signos que marcan el camino para obtenerlos. Sin embargo, la aplicación exitosa del código se evalúa mediante las experiencias vividas por los propios agentes; en su accionar hacia un objeto, los agentes actúan como individuos egocéntricos y autorreferentes, poco interesados por las repercusiones que sus elecciones puedan tener sobre cualquier otra cosa que no sean sus propias sensaciones. Tampoco se preocupan demasiado por los efectos que sus elecciones puedan tener en el largo plazo. Las sensaciones placenteras que persiguen son, por lo general, fugaces, muchas veces instantáneas… nacen y se desvanecen en un instante; pocos deseos sobreviven a su satisfacción y se necesitan permanentemente nuevos deseos y nuevos objetos para que los agentes no pierdan motivación (Zygmunt Bauman, En busca de la política, 2001, p. 85).
“La televisión, dice Bourdieu, se ha transformado, para los intelectuales, en lo que el espejo era para Narciso. La búsqueda de eternidad ha sido reemplazada por la búsqueda de invitaciones a los programas de TV; el trabajo cotidiano tiende a adecuarse a las necesidades de esas invitaciones.” (Zygmunt Bauman, En busca de la política, 2001, pp. 114-115).
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