Error de Zygmunt Bauman o de quienes suelen interpretar su pensamiento sobre la vida de consumo: postular el consumo como una práctica disociada de la producción y la distribución de lo que se deduce una oposición entre sociedad de productores y sociedad de consumidores.
El consumo es un momento de una serie producción-distribución-consumo como plantea Marx en la Introducción de 1857, no hay producción sin consumo ni consumo sin producción. La llamada sociedad de productores no era una sociedad sin consumo sino una sociedad de consumo, de la misma manera en que la sociedad de consumidores no es una sociedad sin productores. No pasamos de un capitalismo de productores a otro de consumidores. En todo caso la lógica de la producción queda subsumida en la lógica del consumo invirtiendo las matrices constitutivas de subjetividad que estuvieron vigentes y fueron funcionales a las necesidades de la acumulación de capital hasta mediados del siglo XX. Cambio de subjetividades, entendidas como cambios en las condiciones de sujeción (dominación) para producir sujetos-sujetados, adaptados, a las nuevas condiciones sociales, políticas, culturales y económicas de reproducción del capital que aparecen a mediados del siglo XX.
Todo lo sólido se desvanece en el aire: necesidad del capitalismo de una rotación cada vez más rápida en el proceso de realización de las mercancías, lo que implica primacía de la circulación (victoria pírrica de los llamados marxistas circulacionistas). Esto implica que la ética (cultura) del trabajo, con su mandato de consumo diferido (ahorro), identidades fijas, y la relación salarial encerrada en la fábrica, educada en la escuela y disciplinada en el cuartel quede subsumida en la estética del consumo, con su mandato de consumo inmediato, flexibilidad laboral e identitaria, y encierro virtual en las redes de la convergencia digital.
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