La quinta temporada de la serie de televisión
Dexter nos ofrece una de las mejores composiciones dramáticas producidas por la
televisión norteamericana de los últimos tiempos. La excelente performance de
todos sus actores –desde los roles protagónicos hasta el último de reparto- se
combina con una sólida estructura narrativa y una puesta en escena cuya calidad
estética hace que la imagen-movimiento armonice magistralmente con la
imagen-tiempo, algo que rara vez el lenguaje televisivo logra expresar. Como en
las temporadas anteriores hay un eje conceptual a partir del cual el orden
entre las palabras, las imágenes y las cosas se despliega en una continuidad
narrativa cuya principal característica es la dispersión del discurso en juegos
enunciativos que se vuelven transgresores en la práctica misma en la que se
inscriben.
Lo más destacable es el giro argumental que se
produce a partir de la relación que entablan Dexter y Lumen para desbaratar los
siniestros planes del telepastor de la autoayuda, Jordan Chase, un villano
destacable por la complejidad de sus perversiones y que indirectamente lleva a
una profunda crítica sobre los vínculos entre televisión, espectáculo, y el
discurso new age. En sintonía con esta dispersión del conflicto central que
plantea la serie, todas las historias laterales ponen en cuestión la ética
policial y las ambigüedades del sistema jurídico norteamericano llevando a los
personajes a cuestionarse a sí mismos sobre la verdad de sus prácticas. Es
visible en esta temporada la incorporación al equipo de productores y
guionistas de Manny Coto (Star Trek Enterprise, 24) mostrando que en la
actualidad es uno de los mejores creadores de narrativas televisivas en las que
se combinan drama, suspenso, y acción con una estética de la oscuridad crítica
y transgresora sobre nuestra actualidad.

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