Combinando los géneros “política-ficción” y “ciencia ficción”, Nolan
compone una diégesis realista cuyos elementos resultan fácilmente reconocibles
por los espectadores ya que son tomados –en forma casi etnográfica- de la
experiencia cotidiana, hoy saturada por iPhones, videocámaras de vigilancia,
tecnologías inalámbricas, dispositivos de localización como los GPS, que
convergen digitalmente con Internet: convergencia cultural/digital, sociedad de
control, sociedad del riesgo, discurso sobre la inseguridad y sobre la “defensa
nacional”.
La distinción entre sociedad ficcional (los personajes, la “máquina
panóptica”) y sociedad ficcionalizada (las referencias al Acta Patriótica, al
atentado del 11S, a la trama de ilegalismos y delincuencia entre organismos de
la seguridad nacional, la institución policial y jurídica, la crisis financiera
norteamericana, etc.) queda inscripta en una zona de indiferenciación que
habilita a pensar críticamente nuestra realidad social actual y pone al
descubierto las nuevas modalidades de ejercicio del poder en clave biopolítica.

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