Entre fines del siglo XX y principios del XXI
asistimos a la proliferación de un nuevo tipo de dispositivos productores de
subjetividad asociados a lo que se ha denominado convergencia digital entre Medios
Masivos de Comunicación (cine, televisión, radio, prensa escrita, etc.) y las
Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (desarrollo de plataformas
digitales basadas en la interactividad que habilita la llamada Web 2.0). Esta
convergencia digital implica profundas transformaciones culturales y sociales
que alteran significativamente las formas en que los individuos asumen una
identidad, es decir, los patrones de conducta a partir de los cuales se
reconocen a sí mismos y a los otros como sujetos. Pero no se trata de un cambio
tecnológico que produce un nuevo tipo de sociedad sino, por el contrario, un
nuevo tipo de sociedad que genera las condiciones de posibilidad para el cambio
tecnológico. Pasaje de la sociedad disciplinaria a la sociedad de
normalización. Si en la sociedad disciplinaria las identidades eran el producto
de modos de subjetivación que establecían un modelo de conducta en el que la
norma operaba clasificando a los individuos en normales y anormales, en la
sociedad de normalización lo que impera son técnicas y procedimientos de poder
y saber que establecen normalidades diferenciales, es decir, que ya no le dicen
al individuo cómo tiene que ser de manera taxativa sino dentro de un rango de
posibilidades reguladoras de su práctica social. De modo tal que los
dispositivos de normalización conducen-conductas dentro de ciertos límites de
normalidad haciendo que las identidades ya no tengan que asumir formas rígidas,
permanentes y claramente delimitadas para ser normales sino flexibles,
inestables y difusas.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada