La normación disciplinaria descompone, cuadricula,
clasifica y secuencializa con el objetivo de adiestrar, vigilar, controlar y
castigar a los individuos de acuerdo a un patrón de conducta que se prescribe
como normal en contraposición con lo anormal, establece lo permitido
(obligatorio) y lo prohibido de acuerdo a la norma que el poder ha establecido
como modo de ser verdadero. Las técnicas y procedimientos de normalización, por
el contrario, establecen riesgos y normalidades diferenciales que operan sobre
la realidad misma estableciendo lo que es normal dentro de ciertos límites, en
relación a ciertos casos, cuyo objetivo no es ya el individuo sino la población
que tendrá diferentes normalidades en sus modalidades o maneras de ser según la
edad, el lugar de residencia, la trayectoria de cada grupo en función de su
capital cultural, económico, social o simbólico adquirido, su sexo, profesión,
gustos, etc. Para cada grupo que compone la población habrá una normalidad que
solo cobra sentido en relación con la distribución general de casos y sus
variaciones. Se genera un señalamiento de lo normal y lo anormal en función de
diferentes curvas de normalidad de modo tal que la operación de normalización
consistirá en hacer interactuar esas diferentes atribuciones de normalidad
procurando que las más desfavorables se asimilen a las más favorables.

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