En 1927 el sociólogo funcionalista Harold D.
Lasswell publica Propaganda Technique in
the World War inicia en Estados Unidos el discurso sobre la “gestión
gubernamental de la opinión” que influirá desde entonces decisivamente en las
políticas comunicacionales asociadas al discurso de la seguridad nacional. A
partir de un marco conceptual conductista Lasswell afirma que los receptores de
los mensajes de los medios masivos reaccionan según un esquema de
estímulo-respuesta que captura sus mentes y los convierte en una especie de
zombies mediáticos por lo que recomienda que el gobierno adopte severas medidas
de censura y control sobre los contenidos de la información y, a la vez, se
convierta a sí mismo en un gran y poderoso broadcaster,
tanto en tiempo de paz como de guerra. Previamente, en 1922, Walter Lippmann, había
publicado Public Opinion en el que
postulaba que “sin una forma de censura, la propaganda en el sentido estricto
del término es imposible. Para conducir una propaganda tiene que haber una
suerte de barrera entre el público y el acontecimiento”.
En este contexto, en que comienza a tejerse una red
de saber/poder entre el Ejército y el gobierno norteamericanos, la producción
académica en las ciencias sociales, la publicidad, el periodismo, y los grandes
medios de comunicación, nacerán las “relaciones públicas” entendidas como aquel
saber formador de los profesionales encargados de mediar entre la información y
el público para construir opinión pública. El nacimiento de la industria de las
relaciones públicas está asociado a Edward Bernays, sobrino de Freud, en 1928,
que propone “la manipulación consciente, inteligente, de las opiniones y de los
hábitos organizados de las masas desempeña un papel importante en una sociedad
democrática. Quienes manipulan este mecanismo social imperceptible forman un
gobierno invisible que dirige realmente el país”. Era el nacimiento del
discurso sobre el “cuarto poder” y el “gobierno invisible” y el comienzo del
despliegue de una compleja trama de relaciones de saber y poder entre ese
cuarto poder invisible y los otros tres visibles consagrados en el texto
constitucional.

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