martes, 1 de noviembre de 2011

Gestión gubernamental de la opinión Una Genealogia


En 1927 el sociólogo funcionalista Harold D. Lasswell publica Propaganda Technique in the World War inicia en Estados Unidos el discurso sobre la “gestión gubernamental de la opinión” que influirá desde entonces decisivamente en las políticas comunicacionales asociadas al discurso de la seguridad nacional. A partir de un marco conceptual conductista Lasswell afirma que los receptores de los mensajes de los medios masivos reaccionan según un esquema de estímulo-respuesta que captura sus mentes y los convierte en una especie de zombies mediáticos por lo que recomienda que el gobierno adopte severas medidas de censura y control sobre los contenidos de la información y, a la vez, se convierta a sí mismo en un gran y poderoso broadcaster, tanto en tiempo de paz como de guerra. Previamente, en 1922, Walter Lippmann, había publicado Public Opinion en el que postulaba que “sin una forma de censura, la propaganda en el sentido estricto del término es imposible. Para conducir una propaganda tiene que haber una suerte de barrera entre el público y el acontecimiento”.

En este contexto, en que comienza a tejerse una red de saber/poder entre el Ejército y el gobierno norteamericanos, la producción académica en las ciencias sociales, la publicidad, el periodismo, y los grandes medios de comunicación, nacerán las “relaciones públicas” entendidas como aquel saber formador de los profesionales encargados de mediar entre la información y el público para construir opinión pública. El nacimiento de la industria de las relaciones públicas está asociado a Edward Bernays, sobrino de Freud, en 1928, que propone “la manipulación consciente, inteligente, de las opiniones y de los hábitos organizados de las masas desempeña un papel importante en una sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo social imperceptible forman un gobierno invisible que dirige realmente el país”. Era el nacimiento del discurso sobre el “cuarto poder” y el “gobierno invisible” y el comienzo del despliegue de una compleja trama de relaciones de saber y poder entre ese cuarto poder invisible y los otros tres visibles consagrados en el texto constitucional.