En
septiembre de 2011, exactamente a diez años del atentado a las Torres Gemelas y
de la sanción del Acta Patriótica, la
cadena de televisión norteamericana CBS emite el estreno de la serie de
televisión Person of Interest (Jonathan
Nolan, CBS, 2011) en la que se muestra cómo los servicios de inteligencia hacen
uso de tecnologías de videovigilancia asociadas con dispositivos tales como
telefonía celular, GPS, programas de reconocimiento de voz y facial, y captura
de plataformas y aplicaciones de Internet para vigilar al conjunto de los
habitantes de la ciudad de Nueva York, sin que estos lo sepan, por razones de
seguridad nacional. Se trata de una historia de ciencia-política-ficción que ha
capturado el interés de las audiencias televisivas al mismo tiempo que ha
cosechado diversas críticas periodísticas por considerar no solo inverosímil
que el gobierno de los Estados Unidos pueda siquiera imaginar ese tipo de
control sobre la privacidad de sus propios ciudadanos sino también por su cuestionamiento
a los procedimientos necesarios para garantizar la seguridad nacional.
Uno
de los protagonistas, el creador de la red de vigilancia, define el dispositivo
en los siguientes términos: “Diez mil ojos que todo lo ven y diez millones de
oídos que todo lo escuchan, eso es The
Machine (“la máquina”), algo que está en todas partes y en ninguna” para
hacer referencia a las cámaras de videovigilancia –tanto estatales como
privadas que todo lo ven- asociadas a la red de telefonía celular –que todos
llevan consigo- y al programa de computación que captura y pone en relación
toda esa información para elaborar una lista de ciudadanos sospechosos a
quienes se denomina como person of
interest. ¿Hasta qué punto la
propuesta de esta serie de televisión es puramente ficcional? ¿Por qué si es
ficcional produce efectos políticos en la realidad social que hacen que se la
critique como si fuera algo realmente existente? ¿Somos todos de alguna manera
potenciales person of interest?

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