La crisis económica norteamericana viene impactando
desde hace tiempo sobre la industria de las series de televisión generando todo
tipo de problemas económicos sobre los productores que tienen una decisiva
influencia en la vida y muerte de muchos productos en forma independiente de su
calidad dramática, estética o argumental. Series que se cancelan con solo dos
episodios emitidos, otras que con una buena audiencia y acompañadas por la
crítica quedan truncas al finalizar su primera temporada, la aparición de
temporadas de 3, 6, o 10 episodios, la instalación de la mid-season finale que en muchos casos se convierte en season o
series finale; una insatisfacción
generalizada frente a mediciones de audiencia que hace 5 o 10 años eran consideradas
excelentes.
Hoy se habla más de las cancelaciones que de los
estrenos, y cada final de temporada, que digo, cada episodio, se convierte para
el fan de una serie en un calvario
para saber si ésta continuará o se cancelará. La performance de estos últimos
años también ha mostrado que las cadenas de cable, como AMC, Showtime, HBO,
TNT, están mejor posicionadas frente a la crisis que las grandes cadenas
norteamericanas como CBS, NBC, ABC, que se encuentran totalmente atrapadas por
la atracción de anunciantes cada vez más exigentes en términos de rating hasta tal punto que actualmente
ya no importa la cantidad de espectadores que tiene una serie sino solo el
registro en la denominada “demo”, es decir, dentro del sector de edad más
consumista 18-49 años, aunque para cada serie se elabora una “demo” particular.
Esto también tiene que ver con el tipo de serie que predomina en unas y otras:
series con continuidad argumental en el primer caso, y series procedimentales
y/o de episodios autoconclusivos en el segundo.
Pero, además, está el nuevo sujeto telespectador de
series, que busca no solo un producto sofisticado y de alta calidad estética
sino también que su serie favorita forme parte de la convergencia digital con
las redes sociales de Internet y los dispositivos como iPhones, iPad, Tablets,
etc. es decir, quiere interactuar y formar parte activa, como prosumidor y no ya como pasivo
consumidor de lo que se le ofrece de arriba-abajo. Y esta exigencia también
incide necesariamente sobre los costos de producción lo que tiene como efecto,
cuando no se logra, provocar caídas de audiencia precisamente en esa “demo” que
tanto se busca capturar.
No se avizoran cambios significativos de esta
situación en el futuro cercano por lo que la brecha entre audiencia sofisticada
y audiencia tradicional, cadenas de televisión de cable y de aire, series con
continuidad narrativa y auto-conclusivas / procedimentales seguramente
terminará influyendo (si ya no lo ha hecho) en la producción de una
segmentación cada vez más pronunciada de la audiencia y por lo tanto de la
industria en su totalidad.

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