“No es conveniente sin duda concebir “la plebe”
como el fondo permanente de la historia, objetivo final de todos los
sometimientos, núcleo jamás totalmente apagado de todas las sublevaciones. No
existe, sin duda, la realidad sociológica de “la plebe”. Pero existe siempre
alguna cosa, en el cuerpo social, en las clases, en los grupos, en los mismos
individuos que escapa de algún modo a las relaciones de poder; algo que no es
la materia primera más o menos dócil o resistente sino que es el movimiento
centrífugo, la energía inversa, lo no apresable. “La” plebe no existe, pero hay
“de la” plebe. Hay "de la" plebe en los cuerpos y en las almas, en los
individuos, en el proletariado y en la burguesía, pero con una extensión, unas
formas, unas energías, unas irreductibilidades distintas. Esta parte de plebe,
no es tanto lo exterior en relación a las relaciones de poder, cuanto su
límite, su anverso, su contragolpe; es lo que responde a toda ampliación del
poder con un movimiento para desgajarse de él; es pues aquello que motiva todo
nuevo desarrollo de las redes del poder. La reducción de la plebe puede hacerse
de tres formas: por su sometimiento efectivo, por su utilización como plebe
(cfr. el ejemplo de la delincuencia en el siglo XIX), o cuando ella se
inmoviliza a si misma en función de una estrategia de resistencia. Partir de
este punto de vista de la plebe, como anverso y limite del poder, es en
consecuencia indispensable para hacer el análisis de sus dispositivos; a partir
de aquí puede comprenderse su funcionamiento y sus desarrollos. No creo que
esto pueda confundirse de ningún modo con un neo-populismo que substantificaría
la plebe o con un neoliberalismo que cantaría sus derechos primitivos”
“Poderes y estrategias”, 1977, entrevista a Michel
Foucault, en Microfísica del poder. Nota: las comillas son de Michel Foucault ya que la entrevista fue respondida por escrito.

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