La lógica de la argentinidad es el conjunto de
reglas y procedimientos que hacen que exista la argentinidad como prácticas
“genuinamente” argentinas. No se refiere a las representaciones que los
argentinos nos damos de nosotros mismos, ni tampoco a condiciones que nos
determinan sin que lo sepamos, sino de aquello que hacemos y el modo en
que lo hacemos. La lógica de la argentinidad es un sistema de racionalidades
que organizan y producen maneras de hacer y al mismo tiempo, que permiten
grados de libertad con los que actuamos reaccionando a lo que hacen los otros y
modificando, hasta cierto punto, las reglas del juego. Estas reglas se refieren
a las relaciones con las cosas, con los otros, y con uno mismo, pero no como
ámbitos separados y exteriores entre sí, sino acoplados por mediaciones que se
establecen entre cada uno de ellos.
Describir, analizar, desentrañar la lógica de la
argentinidad implica problematizar las formas en que el saber, el poder y la ética se imbrican para producir efectos
de verdad y efectos de realidad. Implica preguntarse: cómo nos hemos
constituido como sujetos de nuestro saber, cómo nos hemos constituido como
sujetos que ejercemos o soportamos relaciones de poder; cómo nos hemos
constituido como sujetos morales de nuestras acciones. La argentinidad es un discurso performativo
de los modos y formas de ser de los argentinos y argentinas; este discurso es
producido por la captura en sistemas prácticos que operan inscribiendo en los
cuerpos una lógica de la argentinidad que asegura su reproducción para hacerlos
gobernables.
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