“En su amplio trabajo sobre la naturaleza del poder, Foucault no
solamente rechaza la inversión hecha por Gramsci entre sociedad civil y
sociedad política (o bien entre sociedad civil y Estado); él todavía va más
allá y sugiere que no es posible manera alguna de distinción al analizarla.
Cuando Foucault argumenta que el poder no puede ser circunscrito pues se
encuentra por todas partes, viene de cada intersticio, que no hay lugar extraño
al poder, en realidad niega cada separación teórica entre sociedad política y
sociedad civil. En un pasaje conocido, Foucault (1978, 94) escribe que
"las relaciones de poder no están en una posición de externalidad con
respecto de cada otro tipo de relación (procesos económicos, relaciones del
saber, relaciones entre los sexos), sine que son inmanentes... tienen
directamente un papel productivo, en todo sitio se encuentran para
expresarlo". En la sociedad disciplinal y governizzata las líneas del
poder se extienden por todo el espacio social a través de los canales creados
por las instituciones de la sociedad civil. El ejercicio del poder se organiza
mediante aparatos, que son al mismo tiempo ideológicos, institucionales y
corporales. Ésto es dicho para afirmar no que no existe Estado, sino que no
puede ser concretamente aislado y contrastado a un nivel separado de la
sociedad…”
“Mientras Gramsci subraya al potencial demócrata de las instituciones de
la sociedad civil, Foucault desvela que la sociedad civil es una sociedad
basada en la disciplina y que la educación que ella ofrece es en realidad una
trama de normalización. De esta óptica, Gramsci y Foucault no hacen sino
puntualizar los dos aspectos contrastantes de la concepción hegeliana de la
sociedad civil. En todo eso, lo que emerge con fuerza es el modo en que nuestra
actividad laboral o nuestra práctica social son organizadas y recuperadas en
las instituciones sociales y adiestradas al interés general de la sociedad
política. Diciendo esto no intento de ningún modo afirmar que Foucault o
Gramsci sean demasiado hegelianos. El trabajo de Foucault sobre la sociedad
disciplinal, si por una parte es decididamente no-hegeliano, queda en todo caso
sobre el mismo terreno del análisis social de Hegel y lo mismo de otra parte
vale para Gramsci, puesto que ambos están orientados fuertemente hacia la
comprensión de la misma formación social, la fase histórica del ascenso de la
sociedad civil en Europa. Sin embargo, como ha dicho Marx, ni Hegel ni ningún
otro puede ser criticado por teorizar la relación entre Estado y sociedad;
deberían ser criticados porque analizan aquella formación como indispensable y
eterna, fuera de cualquiera historicidad…”

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