El derrumbe de la Unión Soviética y
los socialismos mal llamados reales, la explosión de las nuevas tecnologías de
comunicación e información –en particular Internet-, el acontecimiento del 11S
y sus réplicas en España y Gran Bretaña, y lo que Jacques Ranciere denomina
“contrarrevolución intelectual” son algunos de los acontecimientos más
sobresalientes –aún no suficientemente explicados en su recíproca
interrelación- que irrumpieron como discontinuidad solo para constituir la
nueva regularidad en la que estamos sujetados: lo que Michel Foucault denomina sociedad de normalización /
sociedad de seguridad. La novedad que imponen los nuevos dispositivos de
seguridad consiste en hacer uso del discurso de la libertad como condición de
aceptabilidad de las nuevas formas de sujeción y subjetivación, sin embargo, el
poder sigue siendo una relación social y un entramado de relaciones de fuerzas.
De modo que si el poder se ha reactualizado quienes no queremos ser gobernados
de este modo debemos reactualizar formas de resistencia, rebelión e
insubordinación porque nunca es inútil sublevarse aunque nos digan una y otra
vez que las únicas opciones son resignarse o adaptarse.

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