jueves, 23 de febrero de 2012

Television argentina y crisis de Gran Hermano 2012 (Argentina)


Hace casi cuatro meses que comenzó la emisión de una nueva edición del reality show Gran Hermano (GH7 o GH 2012 versión Argentina) que tiene como particularidad ser la más larga y a la vez la menos visionada desde que el ciclo comenzó en 2001. Bajos presupuestos, eterno retorno de lo mismo en cuanto a la propuesta estética, un casting compuesto por un grupo de muchachos y muchachas sin actitud, sin imaginación y sin concepto para jugar a Gran Hermano, renuncia en medio del ciclo de Jorge Rial –su gran conductor desde 2007-, continuos e incomprensibles cambios en las reglas del juego, clausura de las redes sociales y de toda interactividad con la audiencia (incluso sin público en los estudios los días de Galas), y por sobre todas las cosas una compulsión por parte del equipo de producción del programa para intervenir como juez y parte en todos y cada uno de los eventos interfiriendo en la fluidez del juego y en la espontaneidad de los participantes, son algunos de los motivos por los cuales hasta los fans más duros del reality le han dado la espalda.

Es cierto que en todo el mundo estamos viviendo la época del ocaso de los reality show estilo Big Brother y que solo son una sombra en pena de lo que eran hace una década atrás, pero para entender mejor el caso argentino hay que poner el programa en el contexto de la crisis general que atraviesa la televisión argentina que no solo es económica sino también de inadaptación a las profundas transformaciones que están sucediendo en el campo de la comunicación. La televisión argentina todavía no ha caído en cuenta de la convergencia digital / cultural entre los medios tradicionales e Internet, de modo que los programas que produce siguen siendo aquellos clásicos del broadcasting en los que la producción produce para sí misma porque entiende que los espectadores son pasivos, tontos, meros consumidores acríticos de cualquier cosa que se les ofrezca. Gran Hermano nació con Internet y fundó una televisión en la que la participación activa de la audiencia la convertía en el verdadero productor de interpretaciones y protagonista del formato. En el caso argentino volver a las fuentes, a lo clásico, sería –paradójicamente- hacerse actual, novedoso y atractivo. 

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