viernes 3 de febrero de 2012

Todo lo solido se desvanece en el aire

La bella metáfora de Karl Marx, enunciada en el Manifiesto Comunista para describir el pasaje del feudalismo al capitalismo y el “espíritu” de la modernidad burguesa, ha sido reactualizada en los últimos años por sociólogos como Zygmunt Bauman (Modernidad Líquida), Peter Sloterdijk (Espumas) o Gilles Lipovestky (La era del vacío). Según esta interpretación estaríamos frente a un profundo cambio social dentro del capitalismo (de la sociedad sólida a la líquida, de productores a consumidores, plena de sentido a vacía de sentido) cuyo avance es arrollador y ante el cual solo queda resignarse o adaptarse. Michel Foucault criticó ácidamente el discurso sobre la “era del vacío” proponiendo que nuestra actualidad se caracterizaba precisamente por lo contrario, es decir, el exceso de identidad, sentido y cuidado de sí. Por otra parte es conocida la crítica de Jacques Ranciere, seguramente inspirada en Foucault, a las posiciones de Bauman sobre la liquidez de la modernidad y la evanescencia de lo sólido así como a las espumas de Sloterdijk. Pero lo que en rigor está en juego en este debate no es tanto una cuestión de “química” social sino una cuestión política de crucial importancia en nuestra actualidad: el debate entre quienes postulan que toda resistencia al dominio del capital es inútil y quienes creemos que resistirse nunca lo es. 

Por sólidas barricadas que no se desvanezcan en el aire.